Jujuy: otra “excelente” elección del voto en blanco

La suma de los votos en blanco y nulos (VByN) en la categoría de diputados provinciales que arroja la elección del 25 de octubre, volvió a reflejar la mala imagen de la Legislatura y de sus miembros, lo que constituye un fenómeno que comenzó a expresarse en las urnas hace casi dos décadas y viene creciendo en forma sostenida.

En la elección del pasado domingo, los electores volvieron a colocar al voto en blanco para diputados provinciales en el segundo lugar del podio, con 68.303 sufragios o sea el 17,75 por ciento, los que sumando los votos nulos –aquellos que por error o por bronca se meten en las urnas- llegan a la asombrosa cantidad de 71.990 votos.

La tendencia, con leves variaciones, se sostiene desde el año 1997 cuando se alcanzó la suma de 27.861, el 11,5 por ciento de los votos emitidos. El pico porcentual se registró en las elecciones del año 2001, al fragor del “que se vayan todos”, cuando la cantidad de votos nulos y en blanco llegó a 67.758, el 25,61 por ciento de los sufragios, ubicándose en segundo lugar a escasos 8 mil votos de consagrarse ganador de la elección.

Pero el voto en blanco no castiga a todos los candidatos por igual, sino que muestra un “ensañamiento” puntual con la Legislatura. Poniendo bajo la lupa las categorías de la elección, se observa que en la categoría presidente el voto en blanco y nulo sólo llegó al 5 por ciento, en la de gobernador llegó a un 8 por ciento, en diputados nacionales fue del 22,38 por ciento y en Parlasur regionales alcanzó el 20,24.

Un párrafo aparte merece la categoría Parlasur nacional, donde la única representante jujeña en las listas fue Milagro Sala y el porcentaje de VByN marcó el pico máximo, escalando hasta el 24,25 por ciento.

Para comparar, utilizando el remanido ejemplo de nuestra vecina provincia de Salta, los números marcan claras diferencias a favor de la clase política. Allí, el VByN en la categoría presidente fue 1,6 por ciento; en la categoría gobernador, 3,3 por ciento; 3,4 en diputados nacionales; 5,2 en diputados provinciales, 3,2 Parlasur nacional y 4,3 en Parlasur regional, números que se repiten en gran parte de las provincias del país.

Existen varias explicaciones a este fenómeno. Una es, sin dudas, la crisis de representación que afecta a la institución legislativa en una provincia donde la función parlamentaria no sólo es poco conocida y carece de difusión, sino que se sigue asociando por una parte considerable del electorado con episodios oscuros del pasado reciente, como las conspiraciones que pusieron y sacaron gobiernos a finales de los 90. No es ajeno, por otro lado, a la debilidad institucional que aqueja a Jujuy desde hace muchos años, donde la neutralización política de la Legislatura fue un objetivo deliberado en busca de devolver “previsibilidad” a la cosa pública, camino en el cual la Cámara se convirtió en una gigantesca escribanía, incapaz de producir los cambios que demanda la sociedad jujeña a su clase dirigente.