La Bandera de la Libertad Civil desfiló en la primera Marcha Evocativa

Imagen de la primera Marcha Evocativa (1957), donde se ve la réplica de la bandera legada por Belgrano.

Una réplica de la Bandera de la Libertad Civil desfiló en la carreta insignia de la primera Marcha Evocativa, que tuvo lugar el 22 de agosto de 1957.

El doctor Mario Iturbe, presidente de la Federación Gaucha, institución que tuvo la iniciativa de realizar la recreación histórica del Éxodo de 1812, recuerda en unas memorias sobre cómo nació la Marcha Evocativa que la réplica de la bandera fue realizada por la profesora de Artes, Berta Garnier, quien la pintó sobre un paño blanco.

La réplica desfiló en la carreta insignia de la marcha, que era tirada por dos bueyes.

Aunque la Bandera de la Libertad Civil no había sido aún creada por el general Manuel Belgrano en 1812, los organizadores de la Marcha consideraron que no podía faltar en la evocación del Éxodo, con lo que ponían de manifiesto la íntima relación que existió entre la emigración de los jujeños y la creación y entrega de la enseña por el general Manuel Belgrano, en 1813, cuando los expatriados pudieron regresar al terruño, tras salvarse la Revolución en los campos de Tucumán y Salta.

El doctor Iturbe recuerda que la primera marcha partió al atardecer del 22 de agosto de 1957 desde la punta del Parque San Martín y llegó hasta la plaza Belgrano, donde se habían apagado algunas lámparas del alumbrado público para una mejor ambientación, que se completó con fuegos en las calles que no eran otra cosa que tachos con querosene que se encendieron al paso de hombres, mujeres y niños.

En predios del Colegio Nacional, se habían levantado ranchos que fueron quemados “para poder dar más color a la pintura que se estaba creando”, agrega el doctor Iturbe.

La colaboración y asesoramiento del padre Germán Mallagray –señala- fue muy importante para los organizadores de la primera Marcha Evocativa. El sacerdote se ocupó de que las campanas de la Iglesia Catedral acompañaran a la marcha doliente con sus estremecedores repiques y prestó la sotana y la biblia para Hugo Wilde, quien encarnó al canónigo Gorriti.

En las memorias de la Marcha Evocativa, Iturbe destacó la labor de numerosas personas e instituciones que hicieron posible montar una recreación compleja que comprometió la participación no sólo de numerosas personas, grandes y chicos, sino también de caballos, mulas, bueyes, ovejas y otros animales domésticos que le dieron gran realismo a la evocación.