Una tipología sobre cómo votan los jujeños

Una investigación politológica de campo realizada en la provincia de Jujuy muestra una tipología bien diferenciada de electores de acuerdo a las motivaciones con las que entran al cuarto oscuro, con motivo de concurrir a comicios.
Algunas de estas tipologías son:

Voto Formal Cívico: es el emitido por un ciudadano que se jacta de asumir con la máxima responsabilidad el derecho y el deber de votar. Es aquel que el día del comicio generalmente está primero en la fila, incluso antes de las 8, peinado a la gomina y con la dentadura reluciente. Entra al cuarto oscuro con su voto armado y perfectamente doblado (para no hacer perder tiempo a sus compatriotas). Su decisión ha sido el producto de largas elucubraciones, análisis político y discusiones en la casa y con los amigos. Siempre buscará llevar al poder al “mejor”, sin importar las pertenencias partidarias o ideologías de los elegidos.

Voto familiero: es aquel que se emite de acuerdo a mandatos familiares preestablecidos e imposible de contrariar. La ciega adhesión a un partido político, conducta típica de esta tipología, lleva a estos electores a votar cualquier cosa, basta que el candidato esté identificado con un escudo partidario o un apellido con buen recuerdo dentro de una determinada estructura partidaria.

Voto gauchada: es el que emite alguien que se siente obligado a agradecer la ayuda de algún dirigente político. Esta tipología suele aparecer relacionada con el voto familiero. En una provincia donde la máquina de impedir del Estado es descomunal, la generación de la “gauchada” a los fines que los ciudadanos consigan el casi imposible goce de los derechos que le garantizan la Constitución y las leyes, es una herramienta electoral efectiva.

Voto contrera: el que nunca se da al favorito de las elecciones. También es una forma de no asumir responsabilidades cívicas ni el costo moral de votar a algún bicho del que haya que arrepentirse después.

Voto castigo: aquel que emite alguien enfurecido con la clase política. Los partidos de izquierda suelen ser beneficiarios principales de esta tipología.

Voto cadena: es aquel del cual se puede colgar un mal candidato para hacer fraude.

Voto a la marchanta: es el que se arroja a la urna sin odios y sin amores, como quien tira un pedazo de papel en el inodoro.

Voto nausea: es el que entrega la gente que tiene asco por los políticos y la política. Se emite, por lo general, con la nariz tapada.

Voto lote: se entrega a cambio de una escritura o de un pedazo de tierra. Fue un protagonista de la elección de la elección del 2011.

Voto miedo: es un voto con altos niveles de adrenalina. Lo emiten, por lo general, gente a la que convencieron que dentro del cuarto oscuro la están filmando. Una modalidad más reciente asociada a esta tipología se basa en detectar cómo votaron los compañeritos a través de comparar la cantidad de votos obtenidos por la agrupación en cada mesa con la cantidad de afiliados y “simpatizantes” que votaron en esa mesa.

Voto comercial: es el que se cambia por el vil metal. Presenta beneficios directos pero tiene un problema: cuando tenés algo que reclamar o pedirle al que votaste, ni te atiende porque no te debe nada.

Voto-Chorro: un corrupto que se vota a sí mismo.

Voto “Chumuco”: como el patito que aparece y desaparece de la nada, es un voto que puede desaparecer o aparecer sin que nadie se lo explique, luego de un corte de energía o la caída de los sistemas informáticos. Esa tipología está asociada a los casos de despeñamiento de mulas distraídas en zonas de alta montaña.

VotoX: el voto que emiten las señoras grandes por los candidatos jóvenes y bonitos.