Cartas – Artimañas procesales y violencia política

Cartas - Alejandro Nieva.

Alejandro Nieva.

Por Alejandro Nieva

El 16 de octubre de 2009 un grupo de individuos de la organización Tupac Amaru, irrumpió a gritos y empujones al Consejo de Ciencias Económicas de la provincia de Jujuy. Tenían una finalidad clara: impedir a cualquier costo la realización de un congreso de trasparencia pública, en el que yo participaba junto al Senador Gerardo Morales y el Dr. Leandro Despouy. Íbamos a revelar datos sobre la ausencia de control de los recursos nacionales enviados a la Provincia y administrados por cooperativas vinculadas a la Tupac. Nos arrojaron sillas, butacas y todo objeto a su alcance. Antes de irse, destrozaron el lugar.

Milagro Sala negó rotundamente su participación en esos hechos. Finalmente, luego de que el Poder Judicial, incluida la Corte Suprema, confirmara su procesamiento y rechazara todas sus presentaciones, Sala procura escudarse en la figura de la probation. Con este artilugio procesal pretende evitar sentarse en el banquillo de los acusados y la posibilidad de que su forma violenta de hacer política sea juzgada.

El instituto jurídico al que recurre tiene una finalidad garantista y noble. Busca humanizar el proceso penal a través de la suspensión del juicio penal a prueba. En particular, intenta descomprimir a la administración de justicia en los casos de sujetos que delinquieron accidental o circunstancialmente y que, dadas sus condiciones particulares, difícilmente vuelvan a hacerlo.

Pero este ni es el caso de Sala ni el de los hechos por los que se la investiga. En el expediente hay pruebas muy convincentes de que ella tenía un estrecho vínculo con sus autores materiales. La sitúan como instigadora de quienes nos amenazaron y agredieron.

Más allá del curso procesal que los jueces otorguen a este pedido desesperado, pienso que una reflexión profunda sobre las maneras de hacer política en nuestra provincia es necesaria. Los hechos por los que Sala hoy pide no ser juzgada, sólo son una pequeña muestra de los vicios que deben ser desterrados de nuestra política actual: sectarismo, fanatismo, intolerancia.

De todos modos, ellos son sólo una rústica versión de otras formas de violencia, más sutiles, pero igualmente adversas al diálogo y la deliberación. Los jujeños debiéramos rechazar las recurrentes acciones delictivas ejercidas por Milagro Sala, con la misma fuerza con la que debiéramos criticar los frenéticos intentos del oficialismo por modificar las reglas del juego democrático a pocos días de llevar a cabo una elección. También hay violencia política cuando se oculta información, se tergiversan los canales esenciales del diálogo institucional o se los usa instrumentalmente para provecho personal o de amigos.

Estas son las dos caras de la violencia política, una moneda corriente en nuestra Provincia. Es un hecho notorio que en Jujuy el derecho a la educación y el derecho a la vivienda digna dependen de las afiliaciones políticas de sus destinatarios. Existen claros responsables de esta situación. La Organización Tupac Amaru es la que actúa en forma directa. Somete a situaciones de dominación a quienes más sufren, presiona violentamente a quienes no asienten sus decisiones e intenta acallar a quienes la critican. El gobierno provincial, por su parte, adopta posiciones complacientes, no controla ni las asignaciones de vivienda ni las condiciones jurídicas por las que ellas se otorgan. El verdadero efecto de este accionar es uno muy concreto: instalar la violencia como forma de accionar político.

Aquellos que tenemos responsabilidades políticas y un firme compromiso ciudadano, no podemos quedarnos con los brazos cruzados. Desde nuestro lugar, debemos enfrentar esta situación tan triste y deplorable. Todos los jujeños debemos ponernos de pie con el mismo convencimiento: sólo el diálogo es el medio democrático para hacer política.

Independientemente de la suerte jurídica de la artimaña de Milagro Sala, debiera quedar claro que no es con insultos y violencia como se ganan votos. Solo con propuestas, diálogo y democracia se consigue el apoyo ciudadano en Jujuy. Aun cuando logre eludir a la justicia, debiera aprender que su forma delictiva de hacer política es condenada rotundamente por la sociedad jujeña. Ese escarnio, no podrá eludirlo.

Cartas – jhf