Oscar d’Oliveira: el hombre de un quijotesco amor por Jujuy

Oscar Manuel d’Oliveira en el último homenaje que se le tributó, diciembre del año pasado.

Jujuy despidió ayer al periodista Oscar Manuel d’Oliveira, apasionado propulsor de la integración argentino-chilena a través del Paso de Jama. Nacido en tierra jujeña en 1925, el “Gordo” d’Oliveira dedicó su vida al periodismo y a la poesía, junto con el paso de Jama, sus grandes pasiones.

Primero como radioaficionado y luego como periodista, prestó valiosos y generosos servicios a la causa de la integración regional y fue uno de esos “locos” visionarios que pregonaban ya en los años 60 la necesidad de construir una carretera para permitir a la aislada Jujuy complementarse con Chile y abrir al norte argentino el camino al Asia Pacífico con un formidable ahorro de distancias.

Los numerosos diarios en los que escribió (El Intransigente, Pautas, Pregón, El Tribuno de Jujuy, entre otros) fueron la tribuna desde la que ejerció una activa militancia en favor de la amistad entre pueblos hermanos, incluso en tiempos de tensiones y conflictos.

D’Oliveira fue además un “operador” de Jama en todos los niveles y los colegas que compartieron esos años de trabajo con él lo recuerdan preguntando sobre el tema a todo funcionario que llegaba a la provincia, fuera o no de la Cancillería o de Vialidad, o levantando a medianoche notas diagramadas en el diario para poner en su lugar alguna novedad de último momento sobre el camino a Chile o alguna declaración de apoyo a la causa.

Para este bohemio y caballeresco periodista, los funcionarios y los gobiernos se clasificaban en “entusiastas” o “no entusiastas” de Jama. Tal era la pasión que lo llevó a integrar la Comisión de Acercamiento Americano que en los años 70 tuvo un significativo desempeño en las gestiones ante los gobiernos de Argentina y Chile para hacer conocer el proyecto. Luego, a partir de 1982, es uno de los activos miembros de la Comisión Paso de Jama Vial Ferroviaria, presidida por el doctor Vicente Cicarelli, y que jugó un rol definitorio en el logro de la habilitación del paso en 1991.

Pero el “Gordo” d’Oliveira no se conformaría con la apertura del paso a Chile y hasta los últimos años de su larga vida siguió bregando por el otro gran sueño de los “locos” de Jama, el ferrocarril por Abra Pampa y el monumento al Papa Juan Pablo II en la frontera, en gratitud a la paz entre argentinos y chilenos que gestionó ese sumo pontífice en los años del conflicto por el Canal de Beagle, emprendimientos que murió sin ver si quiera proyectados.

Y todo esto hacía d’Oliveira impulsado por un quijotesco amor a Jujuy, ya que nunca tuvo una empresa de transporte ni de construcciones que se hubieran visto beneficiadas de algún modo con su tozuda prédica por el camino internacional.

Estas son las huellas que deja el querido “Gordo”, un hombre que hizo patria con la pluma y que sin poder escapar al karma de la pobreza de los patriotas en nuestro país, murió sin casa y con unas pocas monedas en el bolsillo, como dicen que tienen que morir los verdaderos periodistas.

Irene Ballatore.