Por fin el panóptico mira hacia el Poder Judicial

Tiene hoy 52 años y recuerda cuando en su tiempo de estudiante, en la primer clase de derecho ante el requerimiento de la profesora, hoy una excelente abogada, le pasó a ésta un papelito en el que le planteaba, con la frescura de un adolescente, el Juicio por Jurado como tema pendiente en el sistema judicial. Luego la experiencia personal, la de sus compañeros recibidos, la propia militancia política, le pondría en claro que lo pendiente sería mucho más que aquella disposición no cumplida de nuestra Constitución Nacional.

¿Cuántos alumnos como él, cuántos ciudadanos, cuántas generaciones pasaron sin preguntarse siquiera de dónde adquiría al sistema judicial, las cortes, los tribunales superiores, ese aire endiosado que lo envuelve y lo protege? ¿Cuántos intelectuales terminaron sus días sin garganta explicándonos el funcionamiento y las verdaderas razones de ser de estos sistemas: Foucault, Bourdieu, etc., por citar algunos, y este último con herramientas de análisis imposibles de evitar para analizar campos sociales de lucha como el judicial? ¿Cuántas veces desde estas líneas imploramos por la necesidad de sumergirnos en el sistema de justicia para ser testigos de lo que allí se teje y desteje en el más hermético secreto?

La endogamia parece ser el problema a evitar de mayor consenso, porque la hay en los otros Poderes, pero donde provoca daños irreversibles es en el Poder Judicial. Sin embargo, el tema de la endogamia no puede acabarse en develar cómo familias enteras usurpan hoy aquel Poder, sino que sobre todo deberá mostrarnos cómo las propias decisiones judiciales, lo propios fallos, estuvieron y están plagados o totalmente controlados por los intereses que protege aquel poder endogámico aunque sutilmente disfrazado de neutralidad, tranquilidad de espíritu y conciencia imperturbable.
La democratización del poder judicial abordará seguramente la forma de elegir los jueces, y algunos propondrán que los de mayor instancia al menos se elijan por un voto lo más cercano posible al ciudadano común. Sin embargo lo que debiera guiar la democratización es el intento de devolver al pueblo un poder que en el origen histórico le perteneció. Era, en los tiempos más remotos, el pueblo el que decidía que hacer con los que se desviaban de sus mandatos consuetudinarios, luego, el oportunismo de las clases dominantes lo formalizaron y controlaron; también el abuso de los linchamientos públicos, ayudaron para que se transforme hoy en lo que es: una garantía de protección del privilegio de las clases que tienen el verdadero poder de hacer o no hacer en un país, y no nos referimos justamente al Estado, simple escenario a veces de una eterna parodia de gobernar lo que se gobierna en verdad por su cuenta.
El Poder Legislativo puede dictar una ley y el Ejecutivo promulgarla y ambos darse el lujo de dar por supuesto que los ciudadanos están al tanto de su entrada en vigencia y cómo aquella afectará sus vidas. Sin embargo, el reino del se “sobreentiende”, de lo “obvio”, de lo que “se supone que se sabe”, eso que el “sentido común” bendice antojadizamente o con mala intención como “común”, no lo es para nada. Se debe educar entonces a la sociedad desde cero, a una sociedad que a no dudarlo no conoce nada de los procedimientos de este poder oculto, educarla entonces en el funcionamiento hasta en los más “obvio” y desde los primeros años de la escuela.
Una de las formas de robar en el capitalismo es convertir en tarea de especialistas actividades sean recreativas, culturales o cotidianas. Así como el cebar un simple mate para la mayoría es tarea rutinaria, para el que tiene ánimo de distinción, de no mezclarse con la plebe, será una tarea a complejizar, desde medir por métodos científicos la temperatura del agua, hasta los más increíbles tratamientos de la yerba, la cura del recipiente, etc., sólo para que el incremento del costo de cebar un simple mate se convierta en nuevo lujo inaccesible para “cualquiera”. En materia judicial el robo se da cuanto la práctica del derecho pasa a ser profesión exclusiva justamente de las personas del derecho, o sea los abogados, sujetos que lograron que la propia constitución y las leyes obliguen a usar sus servicios, y en esto una de las claves del tal robo fue justamente la implementación del uso de códigos, verdaderas marañas de leyes y artículos que solo reservan al más sabio, no necesariamente el más honesto, el derecho de violar más eficaz y eficientemente la ley.
Sobre el Juicio por Jurado mucho se ha dicho y mucho se dirá, pero teniendo en cuenta de una vez por todas que el sistema judicial no administra justicia sino que solo se limita a administrar el derecho, aquella institución tanto para el que delinque como para la sociedad será la garantía de que serán lo propios ciudadanos y no un abogado o juez leguleyo el que lo expulsa o lo admite en la sociedad.

Horacio Benito Maidana – DNI. 14.587.528