9 mayo 2012

Ellas, las “invisibles” de la Historia

Mujer del Éxodo de 1812. Detalle del cuadro de pintor anónimo que se exhibe en el Museo Histórico Provincial de Jujuy.

La lucha por la emancipación nacional tiene ejércitos de héroes olvidados, muchos de los cuales son mujeres. Habiendo sido ellas tan importantes en aquella terrible guerra de quince años, solo unas pocas han quedado a salvo del olvido; otras fueron reducidas a leyendas y objeto de literatura romántica, algunas convertidas en la “escenografía” de la Historia  y la inmensa mayoría, sencillamente, invisibles.

De ahí que exhumar sus figuras y aportes a la Independencia nacional sea un trabajo plagado de dificultades pero necesario, con mayor razón en un momento en que los jujeños reflexionamos sobre nuestra máxima epopeya.

La historiografía tradicional poco nos dice de las mujeres y prácticamente nada si esas mujeres, además, pertenecían a las clases desfavorecidas. Si a eso se suma, como sucedió, que los testigos directos de la época –jefes militares, autoridades civiles y viajeros- con frecuencia las ignoran en sus documentos, se entiende que la reconstrucción de esos aspectos de la Historia muy posiblemente nunca se pueda hacer con la profundidad que el tema merece.

Los avances en Historia social y cultural que se han dado en los últimos años en la provincia, por otro lado, van arrojando luz sobre la condición femenina, ayudando a comprender –entre otras cosas- el por qué de su “invisibilidad” y la trascendencia de su nuevo papel en los tiempos del nacimiento de la nación.

Estudios en este campo, por ejemplo, nos permiten saber que al comenzar la guerra,  la sociedad jujeña era ya una sociedad de mujeres solas, dato que no debe olvidarse al considerar en qué situación se encontraron ellas cuando la guerra les hizo perder a sus maridos, hermanos e hijos. Algunas estimaciones  actuales hablan de que la población urbana de Jujuy se vio reducida en un 25 por ciento por la guerra, porcentaje bastante mayor en  la zona rural.

Las pérdidas de los hombres no fueron solamente por muerte en los combates y batallas, también sabemos que la guerra rompió familias, produjo enemistades y discordias, separó maridos de esposas, e hijos de padres. Bernardo Frías, nieto de una mujer que vivió en aquellos años cruentos, escribió:

“El estruendoso suceso, que fue la mayor calamidad que hasta hoy se ha cernido sobre los pueblos de Salta y de Jujuy, deshizo este comercio, vida y actividad de su  sociedad y de sus hombres. Y más de uno de aquellos poderosos y célebres comerciantes, quedaron como clavados por aquellas montañas esperando de un día al otro terminara el sangriento conflicto que, seducidos por los vaivenes de la fortuna, creían, a cada paso, iba a dar término ya, y a volver la paz a reinar la sobre la tierra. Más, como el reñir seguía y seguía hasta aburrir, aquellos españoles que más temían entrar al foco de la guerra que vivir unidos a la familia por solo noticias, intentaron el arbitrio desesperado de que fueran ellas cargando con la prole, quienes subieran al Perú en su busca, y reconstruir la unión conyugal por aquella otra banda, la banda en posesión de los enemigos de la Patria…Las infelices consortes se vieron estiradas por dos fuerzas a cual de ambas más poderosas: por un lado el deber conyugal de vivir como Dios manda, según decían por entonces; y por el otro el peligro de atravesar trescientas o más leguas por aquellos campos adversos, cruzados por las balas de los combatientes. Y se aterraron. Quedáronse en sus casas al abrigo de las paternas paredes, viendo llegar, tras del comercio cortado, la miseria y la vejez, mal engendrado por la guerra, la primera, obra inevitable del tiempo, la segunda”.

José Ignacio de Gorriti, jujeño, héroe del Día Grande de Jujuy (1821) escribía a su compadre Juan Manuel Quiroz en Tucumán, el 7 de agosto de 1816, anunciándole que renunciaba a la banca que ocupaba en el Congreso nacional, ante la necesidad de regresar a su hogar por la enfermedad de su esposa y el desamparo de la familia.

Explicaba Gorriti en esa misiva que su esposa Feliciana Zuviría, con quien estaba casado desde 1802 y era madre de su hija Juana Manuela, “habitualmente enferma de reumatismo, desde que vine a ésta, se halla con una terciana complicada con ictericia que le han aumentado una obstrucción antigua que tenía que le causa gran  fatiga: lo penoso de estos padecimientos en el desamparo en que se halla conmueve toda mi sensibilidad; y reclama mi asistencia”.

Y agregaba: “Los intereses a que está vinculada la subsistencia de mi familia, se hallan en el más decadente estado: abandonados a los esfuerzos y desvelos de su comadre (doña Feliciana),  (que) por grandes que sean éstos, no son capaces de influir fuera de lo doméstico. Ella me comunica los estragos que experimenta en los restos de caballos y ganado que han quedado con toda la expresión de dolor, al ver su impotencia para remediarlos: me hace presentes los riesgos a que se ven expuesta en aquel desamparo; y yo no puedo prescindir de manifestarme sensible a esos reclamos”.

Otro testimonio: Mientras permanecía prisionero en Tupiza en agosto 1819, el coronel tilcareño Manuel Álvarez Prado, comandante del primer escuadrón de Gauchos de la Quebrada de Humahuaca, escribe a su esposa Brígida Álvarez y Alarcón, con quien se había casado en abril de 1818 y fue madre de sus cinco hijos. El guerrero se declara “esposo que de corazón te ama y no te olvidará de ninguna distancia” y le cuenta que cinco cartas le ha mandado pero “creo –señala- que ninguna habrá llegado a tus manos según tu situación. Quiera el Señor que esta sea la feliz, que así lo desea tu fiel esposo que te desea toda felicidad y besa tus manos”.
Luego, con fecha 12 de noviembre le vuelve a escribir a doña Brígida desde el cautiverio y le expresa que se siente dolorido por la trabajosa subsistencia que ella padece debido a la larga ausencia del marido. Termina pidiéndole al Señor volver a verla “y no dudo que así conforme permitió nuestra separación, proporcionará los medios necesarios para nuestra unión”.

No queremos olvidar aquí a las mujeres “invisibles” en la Historia de la Guerra de la Independencia. No es nada fácil encontrarlas en los documentos de la época, por varias razones. Casi siempre reducidas a la “escenografía de la Historia” como hemos dicho, nada sabemos de ellas más que prestaron una labor de suma importancia durante distintas instancias de la guerra. Acompañaron a los hombres dentro de los ejércitos patriotas, los alimentaron, los curaron y los ayudaron a morir. Es sabido que algunos jefes patriotas se opusieron a la presencia de mujeres por considerar que eran un factor de indisciplina en  las tropas pero a la larga las tuvieron que aceptar ante la resistencia de los soldados a ser separados de ellas.

Aunque cueste creer, lo poco que sabemos de las mujeres “invisibles” nos lo dicen los jefes españoles, en sus memorias, cartas y resoluciones.

El jefe realista Joaquín de la Pezuela, decía que la guerra de recursos que soportaba no se hacía solamente con tropas. En la posición que el Ejercito del Rey ocupaba de Jujuy a Salta sufría “una continua seducción de los habitantes de ambas ciudades, especialmente en las mujeres (que era lo único que había quedado, pues los hombres raro era el que se veía). Belgrano que siempre maquinaba ordenes y cautelas, había arrancado y llevado a Tucumán y otros puntos interiores todas las familias  que se conocían adictas al Rey, y había dejado las mujeres y familias de los que servían en su Ejercito; de manera que tenía otras tantas espías como vivientes, que no solo le deben a su sucesor Rondeau las noticias más menudas de mis movimientos y fuerza, sino que hasta se presentaban las mujeres a mis oficiales y tropas con tal que consiguiesen seducirlos de lo que resultó muchas deserciones principalmente de los soldados prisioneros que habían tomado voluntariamente partido con el Ejercito del Rey”.
Agregaba Pezuela: “Por el contrario nada sabía yo de los enemigos que permanecían en el Tucumán con su Quartel General ni aun de las avanzadas que tenía hasta el río del Pasage…”.

En la invasión de 1817, hablando de Jujuy dice el General realista Andrés García Camba:  “El país se hallaba en la más completa insurrección; todos los hombres capaces de llevar armas habían acudido a la campaña y así se hallaron solo en Jujuy los muy ancianos, uno de los párrocos, un lego de San Francisco a quien fue preciso prohibir  que tocase las campanas, porque se descubrió  que servían de aviso a los enemigos y las mujeres que, como es natural, servían también algunos a los suyos y con harta ventaja por ciento”.

Fuera de sí por las conspiraciones femeninas, en junio de 1814 Pezuela castigó a las  mujeres de Jujuy enviándolas prisioneras a Tupiza, pero llegando a Huacalera, fueron liberadas por los gauchos del coronel Alvarez Prado. Pezuela, derrotado y humillado por las jujeñas y salteñas, tuvo que regresar al Alto Perú.

En suma, la lucha por la libertad tenía reservado un nuevo y extraordinario papel a las mujeres. Sin que importara su condición, fueron parte activa de las grandes movilizaciones populares que nutrieron los ejércitos patriotas, siguiendo a sus hombres, y hasta combatiendo al enemigo.  Otras pusieron sus encantos para seducir a los soldados realistas y sumarlos al partido de la Independencia; o ejercieron como hemos visto, un espionaje que fue de gran utilidad en la guerra contra el invasor.
Pero en esencia, el proceso revolucionario fue para muchas de ellas la oportunidad de romper con viejos mandatos sociales y demostrar que podían ser madres y esposas pero también protagonistas de la lucha por un nuevo orden, mucho menos injusto que el que habían conocido bajo el dominio español.
A todas ellas, nuestro agradecimiento y no me quiero olvidar de Paula Conqueiro y Petrona La Rosa, quienes son las únicas mujeres en la lista de vecinos que hicieron  donaciones para auxiliar al Ejército patriota, a pedido del Cabildo de Jujuy en agosto de 1811. Paula donó velas y leña y Petrona, tabaco.

Irene Ballatore

Conferencia pronunciada el 9 de marzo de 2012 en el Instituto Belgraniano de Jujuy con motivo del Día Internacional de la Mujer.

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