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Carta de un pueblo cansado

Tilcara.

Señor Director:

El pueblo de Tilcara está cansado de una historia que en los últimos años atenta cada vez mas contra su tranquilidad, seguridad y de paso contra su sustentabilidad turística.

Ocurre que los antaños y apacibles veranos, donde los turistas disfrutaban no solo del paisaje y la cultura, sino también de la amabilidad de la gente y de todas las posibilidades que la mágica quebrada ofrece, han quedado en el recuerdo.

Hoy no se puede catalogar de turismo a una masa cada vez mayor de jóvenes cuya única expectativa es la de consumir alcohol con pocas o mínimas normas que los limiten, apoderándose de las calles, los sitios baldíos, las plazas, con todo tipo de excesos, multiplicándose improvisados eventos como peñas, con dudosos permisos y escasas normas de salubridad y seguridad, pululando los diversos locales de expendios de bebidas alcohólicas, donde la policía poco o nada acciona al respecto, con esa misma apatía que se observa en los cortes de ruta.

Y el vecino sufre, sufre que su vereda sea un baño público, un hotel por horas sin paredes y gratuito, sufre no  poder circular libremente, no solo en autos sino peatonalmente, pues a toda hora corre el riesgo de que un joven colmado de alcohol u otra sustancia se torne agresivo.

Y por si esto fuera poco, el turista que busca esa paz, ese paisaje, esa cultura que nos dio el galardón de patrimonio de la humanidad, cuando arriba esos fines de semana en los que es imposible circular y el ochenta por ciento de los jóvenes se pasean alcoholizados, usando la calle para todo tipo de necesidades, huye despavorido y allí es cuando empieza a resquebrajarse el destino turístico, allí es cuando la principal industria que sustenta la región deja de ser sustentable y muestra sus debilidades más perturbadoras a la comunidad.

Hay evidentemente una gran confusión, alguien entendió sin base alguna que cantidad es igual a ganancias y en turismo esto es cada vez menos cierto.

La realidad en el mundo apunta a la calidad y continuidad, a aquel turista interesado en el paisaje, en la cultura, en la historia y en cualquier actividad recreativa que lo enriquezca como ser humano, respetando fundamentalmente al poblador del lugar que visita, es mas, tratando en ocasiones de vivenciar su cultura, sus tradiciones como una experiencia constructiva y única para el desarrollo de su persona, ese es el norte de cualquier destino y ese rumbo se avizora cada vez mas perdido en nuestra quebrada.

Cuando alguien dice que una empanada vale $5 en Tilcara y eso es una barbaridad es porque no ha viajado o poco valora su terruño, pues sin ir más lejos en el 90% de los restaurantes de Salta, por poner un ejemplo cercano, ese es el costo, pero mas allá de esta cuestión, es justo decir que la oferta es amplia que hay una gran variabilidad, que la ley del libre comercio existe y que si de mejorar la economía se trata, pues empecemos por valorar entonces nuestros productos, desde una empanada a una cerámica, pues el valor agregado de nuestra quebrada es patrimonio de sus habitantes y así como nosotros pagamos $40 por una milanesa en mar del plata o $5 por una empanada “salteña”, por lo tanto, démosle el valor que comparativamente consideremos que vale lo nuestro… ¿o somos menos?.

Contamos con una riqueza inigualable en nuestra Quebrada de Humahuaca, aclamada por todo el mundo y galardonada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, que con el tiempo se ha consolidado como nuestra perlita más preciada para atraer miles y miles de turistas que se deslumbran y terminan extasiados de tanta riqueza paisajística, cultural e histórica sumado a esa calidad y autentica hospitalidad que brinda la gente genuina del lugar, características que se han grabado a fuego en el destino que somos y representamos como miembros de esta comunidad jujeña.

Cuidemos lo nuestro, aprendamos a valorarlo y protegerlo para que otras generaciones puedan seguir disfrutando de este paraíso llamado Quebrada de Humahuaca como lo hacemos nosotros.

La Comunidad del pueblo de Tilcara solicita:
Que se difunda que no quiere ser más tierra de nadie.
Que la ley se cumpla y que entre otras la policía prohíba el consumo de alcohol en las calles con un accionar efectivo.
Que el municipio controle los permisos y habilitaciones, conjuntamente con la policía.
Que gendarmería realice controles de alcoholemia en la ruta nacional y haga cumplir la ley para evitar muertes innecesarias.
Que el gobierno tome atención de este pedido, pues mucho se habla de turismo y la quebrada esta en serio riesgo, pues la mala publicidad es exponencial.
El pueblo está cansado, y es por ello que todas las instituciones, asociaciones, cámaras y vecinos acompañando la gestión del municipio y sin otro motivo que el de el crecimiento y el rescate cultural de nuestro legado hacemos publico nuestro pensamiento, nuestros deseos y fundamentalmente nuestro llamado de atención.
Cámara de comercio de Tilcara
Asociación amigos de Tilcara
Asociación de turismo de Quebrada y Puna
Hospital Salvador Mazza
Museo Antonio Terry
Cámara de Turismo de la Provincia de Jujuy
Bomberos voluntarios de Tilcara
Parroquia
Centro de jubilados de Tilcara
Centros vecinales

4 Responses to Carta de un pueblo cansado

  1. Victor

    Dejen de poner palos en el camino del intendente Félix Pérez
    No sean desagradecidos con un tipo q
    *Los bomberos son los que lo apoyaron cuando impulsaron la candidatura de toti sajama concejal.

  2. Pablo

    Yo no conozco Tilcara, pero soy Argentino, Federalista y Constitucionalista.

    Lo que Ud. describe es una mancha, una sombra que se va extendiendo por todo el territorio como una consigna NECESARIA para la subsistencia del MODELO; el cual necesita para subsistir. destruir la excelencia, la Historia, la Tradición, el respeto a las construcciones centenarias, en estructura social y ladrillos y paisajes. ¿Por qué…???? Sencillamente porque la ignorancia, la mediocridad, la desfachatez, la humillación es imprecindible al Paternalismo Estatal.

    No es el MANDATO que se le dio a los elegidos para ser Custodios de las Leyes y el Orden, situación que no se la impusimos sino que ellos se ofrecieron. Con o Sin promesas,… Con o Sin planes políticos, pero atentos a las retribuciones que los cargos ofrecían.

    Un CARGO DE GOBIERNO NO ES UN PRIVILEGIO – Es una Carga que un patriota toma por
    su vocación en su visión de seguir los increíbles avances de civilización de nuestros ancestros.

    Su negligencia e indiferencia, muestra a las claras que solo cuidan los privi-legios, ESTABLECIDOS SÓLO PARA CASOS DE EMERGENCIAS O DESASTRE,… lo cual no habilita a disponer de la Renta Publica para placeres y comodidades propias; En Tilcara y en toda la ruinosa REPUBLICA, ¿vamos a proseguir rogando por NUESTROS DERECHOS??????

    En medio de la destrucción total?????

    Así como a avanzado el ateismo ha avanzado la traición y en consecuencia el JURAMENTO EN VANO, HIPÓCRITA Y SÓLO FORMULISTA.

    ¿No es hora de comenzar a exigir severamente, …MUY SEVERAMENTE a la falta de acciones legales disfrazada su inacción en un mentiroso palabrerío de FANTÁSTICOS RELATOS POLÍTICAMENTE INCORRECTOS.??????

    Es claro que ésta Generación que elegimos y pusimos al mando, incluidos nosotros, los que ELEGIMOS, no nos importa mucho del DESTINO DE NUESTROS HIJOS.

  3. culpa del turismo perdemos la cultura nuestra,los gringos estan comprando todas las tierras ponen sus boliches y encima nos descriminan en nuestra propia tierras ,los ricos cada ves se acen mas ricos y los pobres mas pobres

  4. Para empezar a cuidarnos, AYÚDENOS a proteger este lugar MARAVILLOSO PARA TODOS, GRACIAS

    Tilcara violada – Enigmas de la profanación de un santuario nacional y nuestroamericano. Por Rita Laura Segato

    En Argentina y más allá también, todos lo sabemos: Tilcara es Hermosa. Tiene el encanto y el magnetismo de los lugares del mundo que han inspirado el arte y la poesía desde antiguamente. Muchos sentimos por ella la pasión de un amante incurable. Periódicamente venimos a rendirle culto, como a una musa, desde el fiero Puerto, desde el Tucumán, desde Salta y más al sur. Hasta los salteños, a pesar de su conocida autosuficiencia provincialista, se vienen hasta aquí, confirmando su llamado irresistible, a perseguir el contacto con fuentes de inspiración telúricas y ancestrales. El escenario andino en que se instala y su gente han inspirado a grandes creadores como Atahualpa Yupanqui, que paró por meses en lo que es hoy el local de la Peña Altitud, encontrando aquí una clave para sus búsquedas. Después del eminente y más que borgiano Don Ata, otros bebieron en las aguas de Tilcara para componer, pintar, escribir, cantar – Ariel Ramírez, Jorge Calveti, Antonio Berni, Demetrio Urruchúa, Lineo Enea Spilimbergo, Manuel Castilla, Jaime Dávalos y Ramiro Dávalos, Mercedes Sosa, Marta Mendicute, León Gieco, entre muchos otros, además de artistas de origen local como Germán Churqui Choquevilca, Medardo Pantoja, Tukuta Gordillo, Rodolfo Coya Ruiz.
    Cada vez que, siendo niña, a ella llegaba, por cuestas que se fueron transformando con los avances del tiempo, la veía siempre como una tierra prometida, un oasis mítico que parecía otro país, de tan bello, de tan calmo, de tan galante, de tan acariciado por una brisa leve que me hablaba de la profundidad de una historia cuyo pulso no conseguía sentir en Buenos Aires. Color y olor del aire perfumado a clavelitos de Malka y duraznitos dulces de los huertos ancestrales de Juella y La Banda: uno de los corazones de Nuestramérica, eso es Tilcara.
    Hoy es enero. Y sentada en el cafecito de Tukuta, miro, frente a mí, lo que me parece ser el escenario de una profanación, las imágenes de un argentinicidio. No es amargura ni rencor lo que me lleva a decirlo. Es, en verdad, curiosidad intelectual: busco porqués, y respondo a una preocupación originada en el afecto por un espacio humanizado por la historia, un paisaje que nunca fue solamente una tarjeta postal, sino un pueblo iluminado por el paso de las gentes por miles de años de población continua. En 1966, un antropólogo argentino llamado Pablo Aznar, que luego pasaría la otra mitad de su vida en Chile y Nicaragua, en un exilio infinito que acabaría por expatriarle el alma, susurró en mis perplejos oídos de niña: “la Quebrada es un inmenso cementerio”. Y esas palabras me tocaron hasta hoy, cuando finalmente he venido, lentamente, a comprenderlas en su cabal significado, pues fueron dichas para explicarme el fuerte hechizo que me pareció emanar de una escena que mis deslumbrados ojos porteños y todavía infantiles percibieron de entrada como no meramente natural: no era solo naturaleza lo que manifesté ver, y a eso respondió su frase. Lo que decía y continúa diciendo es que este cementerio no es de muertos, sino de vivos. Sus espectros habitan Tilcara de forma positiva, histórica, abierta al continente y al futuro, y solo ahora comienzo a desvelar ese enigma, que es político en verdad.
    Pues bien, me asomo hoy a uno de los avatares que pasan por este inmenso sementero de historia, con sus muertos vitales que indican, con su presencia, un sentido de futuro, una inspiración para la construcción de una nación, que deriva, como extraviada hace dos siglos. Una nación que necesita urgentemente auscultar este paisaje humano para conseguir entenderse y encontrar rumbo. Me asomo al desolador fenómeno que llaman “Enero Tilcareño” y que no es otra cosa que una profanación colectiva de este espacio. Una vez por año, durante un mes, Tilcara sufre una violación en grupo, una violación multitudinaria. Me pregunto: ¿por qué será? ¿qué es lo que significa? Intentaré aquí algunas explicaciones.
    ¿ Cuál sería el rédito, para una colectivo informe de jóvenes provenientes de las urbes argentinas, de juntarse en una localidad adorable para, en un arrobo que busca lo dionisíaco sin en realidad conseguirlo (porque lo dionisíaco depende de una estructura ritual que en esta ocasión no existe), saltar sin gracia, beber sin meta y orinar sin continencia? ¿ Cuál será el rédito que obtienen las autoridades Ticareñas al abrir las sagradas calles de este histórico pueblo a esta masa perdida y desnorteada – que viene al norte pero no busca el norte, porque hasta para buscarlo hay que anticiparlo, en algún interior de la consciencia y del corazón, como brújula interna que orienta hacia el sentido de la vida?
    Enigmáticas son estas dos preguntas. Duele intentar responderlas. La primera de ellas, porque no nos falta amor ni piedad por las masas juveniles, urbanas y perdidas, que ni con dinero pueden ya comprarse el acceso a la plenitud de los placeres que emanan de sentirse protagonista de la historia, de ser parte de una comunidad, de amar entrañablemente el paisaje que acunó la propia nación de que son parte, y que se convierte ahora, por un mes, en madre profanada, abusada, ensuciada en este acto masivo de destrucción y mácula. ¿Odio y renegación de sí mismos? ¿Auto-desprecio en el acto de despreciar el paisaje-madre profundo de su tierra patria? ¿Síntoma de la desesperación que resulta de la falta de todo lo que no sea mercancía? ¿Racismo que lleva, por un lado, a los visitantes, a considerar que un pueblo puede ser abusado impunemente por ser no-blanco y originario de estas bandas, y, por otro, a los locales, a aceptar el carácter subalterno de esa posición abusada?
    Responder la segunda pregunta es, sin embargo, más engorroso todavía. No nos atrevemos siquiera a formular, a insinuar, lo que podría llevar a las autoridades municipales y provinciales a entregar su pueblo a esta rapiña intolerable. ¿Qué se esconde por detrás de este acto de verdadero abandono de autoridad? ¿Por qué abdican de su papel de responsables por la custodia de una jurisdicción que les ha sido confiada? ¿Qué beneficios se obtienen con esta entrega, que se nos presenta como un tráfico, una trata que opera con el cuerpo mismo de Tilcara y lo negocia por una paga que no se entiende bien cuál es? ¿Cuánto vale Tilcara, ofrecida y barateada para ser ocupada, depredada, forzada, orinada, vomitada hasta volverse fea y casi morir cada año, cada enero?
    Venir a Tilcara ha sido, para generaciones, y , debe seguir siendo, para muchos, una peregrinación, una subida al norte con el ánimo de rendir culto a un santuario del país y de América. Es necesario garantizarles, a los que vienen con este espíritu, que así puedan seguir haciéndolo.n