El Gobierno se demoró casi un
año para aplicar las restricciones
horarias en los boliches bailables

La ley fue sancionada en noviembre de 2008, a partir de un proyecto del Poder Ejecutivo, según se dijo, para hacer frente de “manera directa” a la inseguridad. Empresas de transporte no trabajarán a esa hora.

Las restricciones horarias a los locales bailables fueron motivo de un rápido tratamiento en la Legislatura de Jujuy hace casi un año. Durante el debate, las bancadas mayoritarias, el PJ y la UCR, votaron la aprobación sosteniendo que con esta medida se comenzaría a enfrentar el problema de los jóvenes alcoholizados o bajo el efecto de otras adicciones que se involucran en hechos de violencia o en accidentes de tránsito durante de la “noche jujeña”.  El Frente Primero Jujuy se opuso por considerar que era más peligroso para los jóvenes deambular por las calles a una hora sin transporte público.

La cuestión de los horarios de los boliches no fue la única disposición legal entonces sancionada por la Cámara de Diputados: también se estableció una banda horaria de venta de bebidas alcohólicas “de cualquier clase o naturaleza; envases cerrados o abiertos; originales o transversales; en kioscos, maxikioscos, drugstores, almacenes y todo otro tipo de local comercial o establecimiento similar en un horario que va desde las 8 hasta las 24 horas del mismo día”.

Además de las vacilaciones del propio Gobierno, que no se atrevió a aplicar las restricciones durante el Carnaval 2009, la instrumentación tuvo que pasar por tribunales, ya que la cámara de los empresarios de locales bailables interpuso una medida de no innovar rechazada a fines de diciembre de 2008 por el Superior Tribunal de Justicia.

Un dato preocupante es que si bien se pusieron en marcha las restricciones, no se consiguió que las empresas de transporte de pasajeros presten servicios en el horario de salida de los locales bailables. Los empresarios manifestaron que nadie les pidió el cambio y que los choferes no quieren trabajar a esa hora debido a la gran inseguridad reinante.