Nuevo apellido a los 50

Juan Carlos Abud: no culpo a nadie; a cualquiera le puede pasar. El tema es asumir la responsabilidad de nuestros actos.

Juan Carlos Abud: "no culpo a nadie; a cualquiera le puede pasar. El tema es asumir la responsabilidad de nuestros actos".

Desde hace algún tiempo, el concejal radical, contador (y dotado cantante de vocación) Juan Carlos Robles es Juan Carlos Abud. Después de una lucha por el reconocimiento de su identidad que le llevó 32 años, la justicia determinó que ese es el apellido que le corresponde utilizar porque es el de su padre biológico, quien durante años se negó a reconocerlo. En esta entrevista, Juan Carlos Abud habla de esa larga historia que empezó cuando su madre, una chica de solo 17 años, huérfana y sin nadie en el mundo, fue embarazada por su patrón.

Juan Carlos Abud, el “Tucán” Robles, es un hombre de cincuenta años con dos nombres, aunque la Justicia le ordenó al Registro Civil entregarle un documento nacional de identidad con su “nuevo” apellido, aquel que el padre biológico siempre le negó. Tiene también dos padres, aquel que lo engendró y otro, el verdadero  –dice- que le dio todo el amor que un hombre le puede dar a su hijo.

La suya es una historia que corrobora la creencia popular sobre que la realidad supera, muchas veces, a la ficción. Hijo de una joven que quedó huérfana a los seis años y después de andar de casa en casa como empleada doméstica, la embarazó a los 17 un patrón, Juan Carlos se embarcó en una azarosa lucha legal para conseguir la reivindicación de su madre y de sí mismo. Y lo logró, no con pocas lágrimas.

-¿Qué te llevó a esta larga lucha legal por tu identidad?
-Con el tiempo uno se da cuenta que son dos cosas distintas. Una pasa por el afecto y otra pasa por la identidad, por dónde venimos, por el buscar la verdad y sacar  la verdad por uno mismo y sacar la verdad por mi vieja, sobre todo en una época en la cual eran cuestiones que no se hablaban.

-¿A qué edad comenzás a pensar en todo esto?
-A mí me cuentan a los nueve años. Yo lo conocí a Abud, mi padre biológico, cuando tenía catorce años.

-¿Vos quisiste verlo?, ¿cómo fue el recibimiento?

-Si, fue un recibimiento natural, diría yo.

-¿Él aceptó?

-Sí. Compartí mucho tiempo. El problema se dio cuando quise reflejarlo jurídicamente.

-¿Cuándo pasó eso?
-Cuando tenía 18 años.

Abud en una sesión del Concejo Deliberante cuando aún era Robles.

Abud en una sesión del Concejo Deliberante cuando aún era Robles.

-¿Entonces iniciás un expediente judicial? ¿Cómo fue?
-Yo lo inicio antes. Primero le pido autorización a él para definir un poco la situación, por uno mismo y hacia fuera, porque lo que a mí me desgastaba en ese momento era como que no había una cosa clara. Entonces, cuando yo planteo, me dice: bueno, buscate un abogado. Yo tenía 18 años, ni trabajaba. Me dijo: fijate, qué se puede hacer.

-¿Y qué hiciste?
-Busqué un abogado, un amigo recién recibido, Miky Lello, que era como el representante de los dos porque era una cosa que primero venía como consensuada.

-¿Indefectiblemente había que recurrir a un expediente judicial?, ¿no se podía solucionar con un trámite en el Registro Civil?
-Sí o sí había que hacer el juicio. El procedimiento era una impugnación de paternidad y una filiación y eso tenía que ser un proceso judicial.

-¿Cómo fue ese proceso judicial, ¿cuánto tiempo llevó?

-32 años porque, bueno, empiezo el proceso y cuando le digo que ya estaba el abogado, ahí se cortó todo. Yo creo que él debe haber pensado: no lo va a hacer, es muy chico, no tiene un mango, quién lo va a ayudar, a quien va a recurrir, pero yo estaba decidido. En la familia en la que yo me había criado, que era muy humilde, yo desde chiquito ya había asumido roles de conducción. Tan es así que el día que mi vieja me contó, lloró ella, no yo. Quedate tranquila, le dije, porque se ve que ella llevaba adentro una cosa que yo creo que tenía que ver un poco con la culpa o la responsabilidad. Mi vieja es muy religiosa y eso era algo que le pesaba.

-Respecto de ella, ¿cuál era tu interés?

-Era una reivindicación.

-¿Fue perseguida por su situación?
-Mentiría si te dijera eso. Fue una cosa que se planteó como no querida, como no deseada. Entonces, para mí era reivindicarla y ponerla en su lugar y plantear que eso era algo natural a pesar de que en ese momento no era natural, porque había otra discriminación del hijo. Antes estaba el hijo extramatrimonial, el incestuoso y otras clasificaciones. Antes de la modificación de la ley de Patria Potestad que hace Cristina Guzmán, yo tenía un plazo y prescribía. Si no se hubiera dado el tema de los desaparecidos, acá no hubieran llegado las herramientas jurídicas y científicas para poder establecer la identidad de una persona.

-¿Eso fue una ayuda?

-Me ayudó muchísimo. Imaginate que fue un buscar en toda la vida, durante prácticamente toda la vida, buscar el quién sos, que se facilita cuando viene alguien y lo acepta. En este caso, por un lado la resistencia de la sociedad en ese momento. Mi tía me quería pegar; me amenazó con golpearme si es que yo seguía adelante. Además de eso, luchar en contra de tu sangre misma es como luchar en contra de uno mismo, aun cuando diga que ha compartido momentos durante cuatro o cinco años –no lo voy a negar- pero no tenía yo la relación y el afecto que tenía con mi viejo. Era difícil la pelea. También un poco ha sido la demora por el proceso, la demora por la resistencia pero también la demora por la incertidumbre, por la contradicción de uno de ir definiendo cuál es el camino que tenés que elegir y tan chico y encararlo solo porque mi mama era analfabeta y mi viejo tenía tercer grado.  Un poco yo fui el que luchó por los dos: por mi vieja y por mí.

-¿Qué sucedió con tu padre biológico todo este tiempo que luchaste por tu apellido?
-Me quería “matar”.

-Era un problema económico, un problema social, ¿qué era?
-Nunca me lo dijeron. Fue un cambio de actitud de la noche a la mañana. Un día yo fui a decirle y me dijo: mirá, no vuelvas. Y después, durante el proceso, él vino a tribunales y dijo: “no lo conozco, no sé quién es. Sé que iba un chiquito por ahí”. Y la hermana de él también dijo: “no lo conozco”. Y cuando salió de declarar, ella me dijo: algún día vas a comprender por qué lo hacemos, lo cual fue una mentira porque yo había convivido con ellos. Y yo hablaba con mi vieja y ella me decía: no, hijito, van a decir la verdad cuando vayan a tribunales. Y yo también decía: no pueden mentir. Y mintieron.

-¿Tuviste que llegar a la prueba de ADN?
-No, porque en realidad, cuando pasó eso, hubo un impasse. Yo caí un día a su casa, con mi bolsito, bajé del colectivo, iba a entrar y me paró en la puerta y me dijo: mirá, hay problemas, no vuelvas, andate, tenemos quilombo. Entonces, ahí, a mí, fue como si hubieran agarrado una pistola y me hubieran pegado un tiro en la cabeza. Después yo seguí pero lo que nunca pensé es que él iba a declarar todo lo que declaró. Ahí, peor, increíble. A mí no me entra que un padre le haga a un hijo eso.

Soy una persona de derecho y nadie tiene derecho a esconderme.

"Soy una persona de derecho y nadie tiene derecho a esconderme".


-¿Cómo pudiste probar lo que decías?, porque era tu palabra contra la de tu padre biológico.

-En realidad, la prueba era evidente por el parecido físico, mis amigos y compañeros de esa época, gente que me conocía, sabían y veían. Yo nunca pude saberlo porque nunca me lo dijo, se allanó a la demanda y solo hizo una presentación, con lo cual terminó reconociendo. No hizo el ADN, yo sí me lo hice. Incluso lo ví hace poco tiempo y la única respuesta fue la misma de hace treinta años: “estoy ofendido con vos por lo que me hiciste”. Yo sé que van a quedar muchas preguntas sin respuestas.

-¿Cuándo salió la sentencia? El año pasado vos mostraste tu nuevo DNI en la sesión del Concejo Deliberante.
– Sí. En realidad salió hace un año y medio y yo pedí llevar los dos apellidos, porque hoy esa es mi identidad, pero el juez me dijo que no. Así que solo llevo el apellido Abud.

-Ahora contame: ¿qué sentiste cuando salió la sentencia y por qué te animás a contar tu historia públicamente cuando mucha gente en un caso como el tuyo, no hubiera tenido valor para hacerlo?

-Yo no sé si es valor; son las circunstancias. Creo que a todos nos afecta el mismo miedo de no saber cuál va a ser la reacción. Lo que pasa es que como yo ocupo un espacio público, era una obligación para mí plantearlo y como lo dije ese día en el Concejo: quiero explicarlo públicamente porque aparte lo que yo siento es que será más difícil tener que explicarlo individualmente. Después de tantos años, mis amigos y las personas más cercanas saben que se los conté tal vez no de la manera que lo cuento ahora, me era más difícil hablar del tema, llorando en muchos casos, porque era una cuestión que estaba indefinida dentro mío y que yo necesitaba aclarar, definir.

-¿Lo lograste con la sentencia?
-Yo creo que uno nunca termina de resolver las cosas porque de lo contrario, dejarías de evolucionar, pero te diría que en un 70 u 80 por ciento es una cosa que me ha quedado clara, una cosa que transparentó la verdad, es como remitirse a ese momento y es como decir: soy una persona de derecho y nadie tiene derecho a esconderme, porque en realidad quizás no ha pasado por una cuestión de quiero sacarme esto, quiero tomar esto, sino fue al revés: vos me conociste y vos me recibiste y ahora me sacás. Creo que fue una cuestión de identidad y fue una cuestión de pararte y decir: esto no es así, a la gente no se la usa, se la toma y se la tira, ya lo hiciste con mi vieja, no lo va a hacer conmigo.
Simplemente fue una cuestión de justicia; si hay algo que a mí me movió toda la vida fue eso que llevaba adentro que era una injusticia para mí, para mi vieja, para mis hermanos y para mi viejo porque ellos me tuvieron que bancar. Ellos me vieron sufrir. Si bien creo que llega un poco tarde porque distinto hubiese sido a los 25 o a los 30, creo que viene a poner las cosas en su lugar. Nunca pensé si era beneficioso o perjudicial porque creo que va mucho más allá. Si es perjudicial desde el punto de vista social, el hecho de haber luchado, de haber peleado, de haber tenido la convicción, te da la fortaleza para aguantar cualquier adversidad.

El concejal Abud camina por las calles de San Salvador de Jujuy.

El concejal Abud camina por las calles de San Salvador de Jujuy.

6 Responses to Nuevo apellido a los 50

  1. Carlos Morcillo

    Con gran sorpresa leí el titulo de la nota, realmente me embargo la sorpresa, hace cuatro días que lo habia visto casualmente en el centro a Juan Carlos y en ese momento no se me hubiera imaginado una situación tan esecial, quizas nunca, de no haber leido la nota completa. Al respecto quiero expresar que me embargo una mezcla de sentimientos de tristeza y de gran felicidad por ver tan entuciasmado al querido Tucan revelando su verdadera historia familiar.
    Estimado amigo, te felicito por la valentia empeñada a pesar de que no necesitas ya que nadie te reconozca pues cuentas con el gran reconocimiento y apoyo de toda la sociedad jujeña en su conjunto, que comprende perfectamente, y ve en vos un gran ejemplo de vida, para que situaciones similares tengan la justicia merecida.

  2. MARTA

    MUY BUENA NOTA. SABEMOS QUE HAY MILES de PERSONAS A LO LARGO Y LO ANCHO DE NUESTRA ARGENTINA CON SITUACIONES SIMILARES A LAS DE ABUD…
    ME ALEGRA QUE HAYA RESUELTO LA CUESTION DE LA IDENTIDAD… LO QUE ME DA MUCHISIMA TRISTEZA ES PENSAR QUE “LA JUSTICIA ARGENTINA” SE TOMA SU TIEMPO…EN ESTE CASO SOLO UN RECREO 32 AÑOS” mmmmMMMMM
    …y menos mal que hoy es leido el hombre( contador – CONSEJAL) porque sino ¿¿¿¿¿Cuál sería su realidad en estos momentos????? mmmmmMMMMMMMM

  3. Nicolas

    Me alegra, me emociona y me hace pensar en lo dificil que es la vida cuando no hay justicia. Muchas veces te escuché cantar y jamás me hubiera imaginado que arrastrabas desde tan joven una historia tan conmovedora. Por supuesto, vaya mi reconocimiento para tu Mamá y para don Robles. No se que más se puede decir.

  4. Urpila

    El mérito de este artículo es el hallazgo periodístico del tema y sobre todo tener la perspicacia como para convertirlo en un hecho noticiable. Eso únicamente se logra cuando se ejerce un periodismo sin ataduras. Felicitaciones a El Libertario.

  5. Daniel

    Mi más sincero reconocimiento a tu tenacidad y entereza. Ahora el recuerdo de tu “Let it be” con el que nos atormentantes tantas horas en el canchón de la carroza me suena mejor. Gracias por “Tucan to”.

  6. marcelo menendez

    muy buena nota, felicito al periodista.