Otro golpe a los inocentes

Escuelas vacías por paros, un mal al que todos parecen acostumbrados en Jujuy.

Escuelas vacías por paros, un mal al que todos parecen acostumbrados en Jujuy.

Con el nuevo paro de los gremios estatales, a los niños y jóvenes que reciben educación en las escuelas públicas se les vuelve a arrancar de un zarpazo más días de clase, en un año lectivo que entre huelgas y la epidemia de Gripe A, es ya un año casi perdido.

Mientras el Gobierno mira con total indiferencia lo que pasa en las aulas, los sindicatos siguen apostando a una metodología de lucha de incierto resultado para los trabajadores pero altamente dañina para los niños y jóvenes de Jujuy que concurren a la escuela pública, quienes -además- no tienen el menor poder de decisión para satisfacer las demandas de los gremios. Son el “pato de la boda” que tiene que pagar los platos rotos por la falta de responsabilidad de funcionarios y sindicalistas.

Está probado en Jujuy que a los gobiernos poco les importa que no haya clases, entre otras razones, porque sus funcionarios tienen los hijos en escuelas privadas. La larga historia de las huelgas así lo demuestra. Y menos después de una elección que se ganó con un importante caudal de votos, luego de una muy tranquila y plácida campaña electoral que los propios sindicatos estatales aseguraron.

Si no es como decimos y a los que gobiernan les importa que los estudiantes sean perjudicados por las protestas, no se nota. Los tires, aflojes y otras yerbas que se desatan indefectiblemente en el mes de marzo ya son un clásico post-carnaval en Jujuy. Entonces, los gremios piden aumento y como no se lo dan van al paro, las autoridades se declaran “sorprendidas” y ceden migajas pero siempre el desenlace es el mismo: alumnos de primera categoría que empiezan el ciclo lectivo en la fecha fijada en las privadas y alumnos de segunda, la inmensa mayoría restante, que nadie sabe cuándo podrán poner un pie en la escuela. Tiempo después, habrá nuevas huelgas, para presionar que se paguen los días caídos y así sigue dando vuelta la calesita. En un tiempo no muy lejano, las consecuencias de jujeños de primera y jujeños de segunda se harán ver no sólo en las universidades sino en la protesta social incontenible que campea en la provincia.

El momento oportuno para haber presionado al Gobierno por mejoras salariales, ya fue. Los gremios perdieron una excelente oportunidad antes de las elecciones, cuando a los funcionarios sí les interesaba sobremanera mostrarse como representantes de un gobierno verdaderamente Justicialista, incapaz de perjudicar a los trabajadores y generosos proveedores de justicia social. Incluso, en aquel contexto, la protesta sindical podría haber tenido un rebote en Buenos Aires ante un Ejecutivo nacional que puso toda la carne en el asador para intentar ganar y tal vez se hubiera mostrado más permeable a aplacar los conflictos sociales en el interior del país.

Ha llegado el momento que las organizaciones sindicales se esfuercen en encontrar nuevas metodologías de lucha que dejen a salvo a los inocentes en esta puja. Nadie que esté en su sano juicio podría dudar de la razonabilidad de estas demandas, pero eso no puede habilitar procedimientos que en nombre de causas justas, provoquen tamaño perjuicio irreversible a lo más valioso que tenemos como sociedad, nuestros niños y jóvenes.

Los hombres del Gobierno deberían descender del pedestal de soberbia desde el que miran la realidad y entender que una amplia victoria electoral, más que un cheque en blanco es un compromiso mayor con la gente que les dio su voto, que son –paradójicamente- los más pobres y los que tienen en la escuela pública la única tabla de salvación.

Irene Ballatore de la Redacción de El Libertario

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