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El día del trabajador en la Argentina

Hace ya más de medio siglo (el decreto respectivo es de 1930) que el 1° de Mayo es Fiesta del Trabajador. Marcado como feriado en los almanaques, para muchos se va borrando el recuerdo de la dureza que tuvo la fecha en los tiempos iniciales de las luchas sociales por obtener mayores niveles de justicia para los sectores del trabajo en el mundo entero

Aunque las horas de luto y dolor hace décadas que quedo atrás, el 1° de Mayo, como Día de los Trabajadores, no es un mero feriado. Es el día en que las mujeres y los hombres de todo el mundo se unen en la común aspiración de la mejora de todos hacia mayores niveles de justicia y se hermanan en la responsabilidad social
del trabajo en paz.

El 1 mayo del 2009, se conmemora en todo el mundo el día internacional del trabajador, columna vertebral del movimiento nacional y popular en nuestro país, y que avanza junto al pueblo en la consecución de un modelo productivo generador de empleos, en defensa de los puestos de trabajo. por la inclusión y la justicia social, para que nunca más haya flexibilización laboral, la defensa de las leyes laborales reconquistadas y los convenios colectivos de trabajo.
Al igual que en toda la geografía planetaria, muchas movilizaciones de trabajadores se desplegaron por el territorio nacional ayer y hoy. Y, aunque hayan sido muchas queda la sensación de que fueron pocas. La situación de los trabajadores en la Argentina fue atravesada –como en todo el mundo, aunque con características propias- por un recorrido sinuoso, durante los últimos treinta años.
Si nuestra sociedad, a mediados de la década del setenta, estaba bastante integrada, con tasas de desocupación bajísimas, alrededor del 4% y, con una distribución del ingreso casi semejante a la de los países desarrollados (Europa occidental, por ej.), a partir de esos años comienza un recorrido tan negativo, que para principios del Siglo XXI, lo que había desaparecido en gran parte, eran las condiciones objetivas que permitían el desarrollo de la cuestión subjetiva, es decir, la destrucción de fábricas sobre las que se desplegó la clase trabajadora organizada, sea como actor sindical o llanamente como actor político.
Aquí es pertinente recordar que la estructura económica argentina desde la crisis del 29, hasta mediados de los setenta, había sido una estructura esencialmente centrada en un tejido productivo, de desarrollo intermedio como diría la Cepal, ligado a la agro industria y a la sustitución de importaciones.

Esto ligado a la alta productividad que tuvo el campo argentino, merced a inversiones tecnológicas fomentadas por privados y, por instituciones públicas, como por ejemplo el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) que fue el impulsor de las plantaciones diversificadas, allá por los años setenta.
Estas cuestiones, entre otras, muchas, configuraron una distribución geográfica poblacional relacionada al tejido económico existente, que se asentó mayoritariamente alrededor de las grandes ciudades: Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Tucumán, etc.
Un paréntesis: lo dicho anteriormente, tiene mucho que ver con el hecho de que en nuestro país no se hayan formado organizaciones político-militares campesinas con capacidad de daño real al poder político, sea éste la dictadura de Lanusse a principios de los setenta o, desde las posiciones marxistas leninistas, al gobierno peronista (73-76). Por el contrario, el poder real, en términos sociales, era el de las organizaciones sindicales, mayoritariamente ligadas al peronismo y, también, a la estructura económica del país.
Volviendo al primero de mayo, y, a la performance de los actores sindicales nacionales, podemos decir que la destrucción del tejido productivo que comenzó con la reorganización de la estructura económica nacional encarada por la dictadura del 76 y, que fue profundizada en los noventa a diciembre del 2001, sólo puede ser revertido por la reconstrucción de un tejido productivo, y sólo allí radica la condición de posibilidad de existencia de un actor sindical o político de peso.
Y con eso ni siquiera alcanza, pero es por eso que la matriz de desarrollo económico que se encaró es acertada a partir del 2002. La economía de dólar alto, competitiva, sumado al fortalecimiento de las pymes y de las grandes empresas, permite que se vuelva a generar un tejido productivo que genere trabajo, y por ende, trabajadores, aunque con características muy diferentes a las de los trabajadores de los años setenta. Les deseamos la conmemoración en familia, armónica y reflexiva para todos los trabajadores.

Agrupación Arturo Jauretche

Carlos Landriel: Presidente
Orlando Martínez: Sec. Prensa y Difusión
Hugo Valori: Vice – Presidente