“El dengue vino para quedarse”
(en la casa de los pobres)

Por el Dr. Víctor Hugo Aramayo

Desde 1871 durante la presidencia de Sarmiento, cuando la epidemia de fiebre amarilla registró en Buenos Aires el mayor numero de casos en toda América, no se había producido un brote epidémico como el que hoy asota a la Argentina, esta vez  de una enfermedad pariente cercana a la fiebre amarilla trasmitida por el mismo mosquito.

El dengue del dialecto africano swahili, denga o yenga (enfermedad por malos espíritus) reemerge en América Latina en la década de los años 80, con oleadas recurrentes en los últimos 10 años.

El brote actual, que los gobiernos nacional y provinciales tratan de disimular, triplica largamente el número de casos declarados oficialmente en el país y ya cubre más de la mitad del territorio argentino. Con mayor impacto en las masas empobrecidas del Chaco, Formosa, Salta, Corrientes, Jujuy, Catamarca, con casos en Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba y hasta la Capital Federal.

El discurso oficial, con ayuda de algunos medios afines,  trata de presentar la epidemia de dengue como una plaga bíblica, por designio de Dios, y por tanto inevitable. Pocas son las referencias oficiales a las condiciones concretas de vida de la absoluta mayoría de los afectados, que en miles de casos bordea la condición humana. No se hacen muchas referencias a la inexistencia, durante años,  de las medidas de saneamiento ambiental para tratar de evitar su aparición. No se habla de las pocas defensas inmunológicas por desnutrición de los afectados, que facilita el desarrollo de la enfermedad y la aparición del dengue hemorrágico. Se oculta que el sistema sanitario, deficitario en general, en la zonas mas afectadas esta hoy desbordado, especialmente los laboratorios de análisis.

En el pico de la negación trasmiten que “el dengue es una enfermedad que no respeta clases sociales”, falacia que no puede explicar porque en el noreste se registran miles de casos en Charata (Chaco) y ninguno en el Barrio Camba Cua de Corrientes. O que en el Noroeste son miles los casos notificados en Oran y Tartagal y ninguno en el Gran Burg (Salta Capital).

Coherente con la ideología dominante y las recomendaciones del Banco Mundial para el cuidado de la salud,  trasladan la responsabilidad principal de su aparición y ahora de su control a “los buenos hábitos de  higiene y saneamiento de los hogares” en las zonas afectadas.

En el noroeste se escuchan voces que utilizando un lenguaje pseudos científico hablan de casos “autóctonos” y casos “importados”, expresando con ello un mal disimulado racismo. La culpa del dengue la tendría el mosquito boliviano que no respeta los controles fronterizos. Frente a los miles de casos, ¿que importa si el mosquito es vernáculo o extranjero. ¿Acaso cambia el cuadro clínico o la evolución de la enfermedad, o los análisis a realizar, o el tratamiento?. Por cierto que no. ¿No son acaso las mismas medidas de control actual de la epidemia y las de fondo que deberían tomar los gobiernos municipal, provincial y nacional ?.

Con medidas sencillas se pueden eliminar en la coyuntura el 80 % de los reservorios de mosquitos y sus larvas. No es necesario sobreactuar preocupación oficial mostrando por televisión fumigaciones con insecticidas a mansalva. Su efecto es efímero, 6 a 8 horas,  y el riesgo de intoxicación es considerable.

Entre tantas desgracias populares aún tenemos la suerte que en este brote de dengue la variedad es de tipo 1, productor en general del dengue clásico y raramente del dengue hemorrágico, pero la repetición de la epidemia aumenta esa posibilidad con mayor mortalidad.

En la provincia de Jujuy se declararon oficialmente hasta ahora 489 casos, confirmados por laboratorio, pero es sabido que los infectados son miles. El 61 % de los registrados son del Departamento Ledesma, con epicentro en Caimancito, donde los indicadores sociales y sanitarios son muy malos. El 70 % de los infectados son niños y jóvenes entre los 10 y los 39 años, con una ligera prevalencia en mujeres. En estos días el brote estalló en la ciudad de San Pedro. Existe gran temor de que se desborde el sistema sanitario provincial y por lo pronto colapsaron los laboratorios de análisis, aun cuando el brote es por el momento mediano.

“El dengue llegó para quedarse” manifestó suelta de cuerpo la ministra de Salud, Graciela Ocaña. ¿Para quedarse donde?. Si no se realizan las medidas de saneamiento ambiental permanente y no cambian las condiciones de vida concretas de millones de argentinos, sí,  llego para quedarse en la casa de los pobres.

Dr. Víctor Hugo Aramayo
Médico Pediatra. Secretario de APUAP (Asociación de Profesionales Universitarios de la Administración Pública). Vicepresidente de FESPROSA (Federación Sindical de Profesionales de la Salud de Argentina).

2 Responses to “El dengue vino para quedarse”
(en la casa de los pobres)

  1. Sr. Aramayo, coincido plenamente con sus palabras, ahora,dígame Ud. en la casa de los pobres asevera que el dengue se va a quedar, pero me parece mas acertado decir, en la casa de los pobres elementos electorales, de los pobres números que suman en una elección, de los pobres …pobres seres humanos, marginados por donde se mire.
    Tengo una vida de clase media, y soy uno de esos pobres, y lo mas digno del caso, es que más pobres, de adentro hacia afuera son los que mas tienen de afuera hacia adentro.
    Pobres de nosotros, muchos de nosotros si no hacen algo los vecinos argentinos que más pueden.
    Argentina somos todos, y solidarios, espero que tamién.

  2. sandra

    hola , estoy por viajar a la virgen de salta que medidas debo tomar gracias