El día que el campo quería
quemar todo el tabaco

A fines de la década del 50, la producción tabacalera transitaba por una etapa de plena expansión. Obligados a abandonar la vid por una decisión de política económica del gobierno nacional, los agricultores de los valles jujeños habían encontrado en el tabaco una actividad promisoria, sobre todo con la variedad Virginia que en 1957 cultivaban 1500 productores.

Pronto, los problemas de crecimiento se hicieron notar. El incremento de la producción y la mayor cantidad de productores –dice el periodista Rodolfo Ceballos en “En Jujuy Comienza la Patria”-  dieron lugar a numerosos conflictos con las acopiadoras en torno al precio. Se demoraban las compras, se rebajaba arbitrariamente la calificación de categorías y se daban los cupos con criterios discriminatorios. La Cámara Arbitral Interprovincial se vio obligada a adoptar medidas de defensa y el Estado nacional a intervenir para evitar que las cosas llegaran a mayores.

Pero eso ocurrió en los primeros meses de 1958. Los tabacaleros estaban crispados –como se diría hoy- por una mala cosecha achicada en un treinta por ciento debido a las plagas y a factores climáticos, a lo que todavía había que sumar que los industriales se negaban a recibirles el tabaco.

En una asamblea realizada en Perico el 7 de marzo de 1958 –dice el diario Pregón- los productores adoptan una decisión dramática: quemar todo el tabaco e incendiar los galpones de la Compañía Nobleza en Perico.

El quebranto por la mala cosecha les reportaba pérdidas calculadas en más de 16 millones de pesos, “lo cual no incide solamente en la economía en particular de cada tabacalero, sino en la de la provincia y la Nación, a lo que se suma ahora el bajo precio que quieren pagar los empresarios recibiendo los productores ofertas sumamente bajas”, alertaba el diario.

En Perico con los tabacaleros está Armando Fascio Rodríguez, director de la Cámara Arbitral del Tabaco de Salta y Jujuy, quien advierte que si llegan a consumarse los propósitos de los acopiadores –que quieren dar solo 140 pesos por los 10 kilogramos cuando el precio promedio general fijado por los productores es de 173, 25 pesos- no habrá con qué pagar a los bancos y a los trabajadores, y tampoco con qué encarar la nueva cosecha.

Una comisión integrada por los tabacaleros Antonio Berruezo, Manuel Araya, Luis Nan, Francisco Scaro, Alberto Franco y Virginio Barazzuol surgirá de la asamblea con el objeto de exigir a los industriales tolerancia en el recibo del patrón tipo y que se acepte como de segunda clase el tabaco afectado por el exceso de humedad como consecuencia de varios meses de atraso en el acopio.

El diálogo con los industriales –dice Ceballos- tuvo alternativas dramáticas pero la firmeza de Fascio y la unidad de los productores condujo a la resolución del conflicto: el 12 de marzo de 1958 se informa que la Cámara Arbitral ha conseguido la colocación del tabaco sin comprador y excedentes, arreglos para normalizar el acopio y que la acopiadora Compañía Nobleza de Tabacos S.A. aceptará inspectores en galpones en caso que existan diferencias entre las partes sobre la apreciación de los patrones-tipo.
Massalín y Celasco S.A. –por otro lado- acepta también los inspectores de la Cámara Arbitral, sometiéndose a sus dictámenes.

Las medidas “contribuyen a asegurar el normal desenvolvimiento de la comercialización del tabaco y presupone las seguridad financieras que permitan satisfacer todas las justas demandas de la producción”, destaca la prensa. La producción jujeña puede exhibir que ha ganado una dificilísima batalla en la que desde un comienzo parecía todo perdido.

Pero la principal consecuencia de este conflicto –uno de los más resonantes de la historia tabacalera de Jujuy- tiene que ver con la conformación de instituciones que defiendan los intereses de los hombres de campo, lo que aún debería esperar casi diez años más con la creación de la Cámara del Tabaco de Jujuy.