Un infierno ahí, Doctor

Raúl Alfonsín.

Raúl Alfonsín.

“Todos los órdenes sociales sacan partido sistemáticamente de la disposición del cuerpo y del lenguaje para funcionar como depósitos de pensamientos diferentes, que podrán ser detonados a distancia y con efecto retardado,… La hexis corporal es la mitología política realizada, incorporada, vuelta disposición permanente, manera perdurable de estar, de hablar, de caminar, y, por ende, de sentir y de pensar.” Esto, dicho sabiamente por un gran sociólogo como Bourdieu, puede decirse, es lo que sucede a la generación formada bajo la influencia de los ejemplos, cívicos y políticos del Dr. Raúl Alfonsín, con ese, no poder ser otra cosa, marcados para siempre, con esos mandatos nunca recibidos explícitamente pero del que sentimos su presencia porque no podríamos deshacernos de él sin quedar desnudos o con un enorme cargo de conciencia.

¿Porqué los tiempos que vienen no podían ser vividos por Alfonsín? ¿Qué responsabilidad hace que, los que si van a vivirlos, tengan ese derecho? Y sin embargo, no hay misterios, sino solo la necesidad de tener el valor de experimentar el tiempo que viene. De otro modo, los militantes del “bien” se las arreglarán como siempre para que hasta los mismísimos logros del “mal” jueguen nuevamente a su favor.

Siendo, el portarse “bien”, sinónimo de respetar lo que está establecido, el orden, la disciplina, acatar las leyes aunque estas opriman a los ciudadanos, frente a ello, se presentaron las opciones asumidas por el Dr. Raúl Alfonsín a lo largo de su experiencia política: se lo encuentra optando por una rebeldía juvenil que supo mantener hasta adulto y como pocos adultos, mientras los “buenos” se mantenían del lado de los que insisten con mantener un radicalismo de viejo estilo.

Optó por la idea de “movimiento” como organización política partidaria, mientras los “buenos” seguían, y siguen, optando por la simple forma de “partido” tradicional. Optó por peronizar el radicalismo, para que el adversario se acercara a él con confianza, mientras los “buenos” seguían aferrándose a un partido de gorilas y antiperonistas.

Cuando las cruces y la armas estuvieron del lado de los “buenos” y a favor del poder, poder al que se nos exigía respetar si no se quería ser señalado por el conocido “algo habrán hecho”, Alfonsín optó entonces por el “mal”, por la vereda de enfrente, y hoy, los que representaron el “bien” y la “verdad” durante tantos años de oscuridad, están detrás de las rejas. Cuando los dueños de aquella “verdad” y de aquel “bien” se escondieron detrás de los púlpitos de las iglesias, Alfonsín optó por subirse a esos pulpitos y gritar la “verdad de la verdad” para poner en claro de qué lado estaba cada quién.

Los últimos años tuvo miedo, es cierto, y no todos compartimos sus últimas posiciones políticas. Se entiende que esto le suceda a un hombre cuando conoce el verdadero tamaño del valor; quizás por ello no dejó de gritar, aconsejando desde las tribunas a los jóvenes a seguir ideas y no personas. De todos modos, contra aquellos que no se cansan de buscar dioses en conductas llenas de humanidad, digamos que: ¡que placer fue confirmar cada día que Alfonsín era de carne y hueso, que no tenía nada de divino, es más, que uno hasta podía percibirlo como un “militante del mal”, de ese mal con el que se representa a veces la rebeldía contra todo aquello que estamos moralmente obligados a combatir cuando pretende oprimirnos, aún cuando se disfracen de “bien”!

Qué hartos estamos de esas almas viejas, patéticas y oscuras que acostumbran arrastrar sus rodillas y desgañitar sus gargantas en las iglesias y procesiones, o de esos supuestos luchadores sociales que ridículamente terminan pidiendo que intercedan por ellos justo quienes tienen por misión aplacar el calor de sus luchas, como cuando a algunos de ellos en plena discusión se les ocurre solicitarle audiencia al Obispo por ejemplo.

¡Ah “mal”! cuánto mal te hicieron los que lograron hacerte sinónimo de crimen y el delito. Mientras tanto, ¡cuánto necesita este mundo de verdaderos hombres “malos”.

De allí, que un radical, por no decir: un alfonsinista, porque sé que a usted no le gustaba, que jamás negó haber sido parte interesada de aquel proyecto que nunca pudo concretarse y que el tiempo se encargó de demostrar que solo tenía el simple fin de defender su gobierno, como lo fue la creación de la hiper alfonsinista “Junta Coordinadora Nacional”, que los Bernardo Neustadt y unos pocos propios se encargaron de desprestigiar, mientras otros, que hoy ostentan los más altos cargos del partido, no dudarían en borrar de buena gana si pudieran esa parte de su pasado.

Este individuo, de los tantos anónimos que usted deja llenos de admiración y compromiso por sus ejemplos, aún con sus últimos disensos, que no quiere dejar que se apodere de su recuerdo la anestesia inmovilizante de los llamados “buenos”, y, seguramente con los ojos de un hombre “malo” cargados de lágrimas, se permite desearle, doctor, el mejor de los “infiernos”. El paraíso, doctor, esta lleno de aquellos “buenos” que nunca quisieron que nada cambie, justo hoy, que necesitamos tanto cambiar.

Horacio Benito Maidana
Téc. An. en Adm. Pública
DNI 14.587.528