De la TV al barrio real

Jujuy. La oscura y tranquila cuadra de la calle Hugo Wast en el barrio de Luján, a pocos metros del Penal de Gorriti, se revolucionó este lunes a la tarde con las sirenas policiales, las ambulancias y el inconmensurable dolor de una madre.

La escena de la inseguridad que estamos habituados a ver en una pequeña pantalla, estaba ahí, viva y con protagonistas reales: los vecinos, bajo una llovizna muy suave, en las puertas de sus casas hablando de lo que vieron y de lo que no vieron y en el hall del edificio, la madre del abogado –bañada en lágrimas y sin poder mantenerse en pie- clamando porque alguien le dijera lo que le había pasado a su hijo.

Nadie quería decírselo. La sacaron para un costado y desde uno de los departamentos vecinos, un alma piadosa le pasó una silla y un vaso con agua que después rodó por la vereda. “Por favor, que alguien le diga!”, pedían algunos espectadores.

En los instantes que precedieron al retiro del cuerpo, el silencio y la oscuridad, atravesados por las alegres e indiscretas canciones de los celulares, le dieron a la noche un aire surrealista. Era horror puro pero parecía un evento social: los chicos y los perros de acá para allá, y las miradas clavadas en la escalera donde, por fin, unos hombres con extrañas vestimentas, bajaron en una camilla el cuerpo de Bruno Aguilar, el abogado que se había hecho famoso por otro crimen, el del periodista Juan Carlos Zambrano, no hace mucho.

Los flashes iluminaron la calle. Una mujer tapó los ojos de su hijo pero ella no se perdió detalle. Momentos antes había recordado que el abogado era un tipo simpático con los vecinos.

Por suerte, la madre de Aguilar ya no estaba ahí para escuchar la frialdad de las preguntas y de las respuestas cuando el juez aceptó informar a los periodistas sobre los hechos. Ella seguía sollozando, quizás sin lágrimas, en el interior de una ambulancia, llamando al hijo que no volverá.

Irene Ballatore, de la Redacción de El Libertario.com