Democracia – Storani: “sabíamos que caminábamos sobre un campo minado”

Buenos Aires – El dirigente radical Federico Storani recuerda haber vivido el 10 de diciembre de 1983 con una “emoción más calma y más responsable”, después de un proceso “vertiginoso” que arrancó en 1982, con un acto en la Federación de Box, “cuando todavía estaba prohibida la actividad política”.

Ese día, con 33 años, el referente de lo que había sido la Coordinadora Nacional, asumía como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, lo que significaba para él el comienzo de una tarea “completamente desconocida”, y “la emoción de participar activamente de esa nueva etapa”.

De todas maneras, no todo era algarabía: el radicalismo, con el presidente Raúl Alfonsín a la cabeza, sabía que caminaría “sobre un campo minado”, porque si bien los militares estaban “en retirada”, su poder seguía latente y no iba a ser fácil desestructurarlo, recuerda.

“Sabíamos que Alfonsín como primera medida iba a mandar al Congreso la derogación formal de la autoamnistía, que para mí fue un honor haberla votado”, asegura Storani.

Es que los jerarcas militares, al fracasar en su intento de imponer condicionamientos a la transición democrática, habían optado por dictar, antes de abandonar el poder, la denominada “ley de pacificación nacional” en un intento por consagrar su impunidad frente a los crímenes atroces que habían cometido.

¿Cómo creían ese 10 de diciembre que los militares iban a moverse con respecto al gobierno?.

“La transición de Argentina fue una transición de ruptura, no pactada, no acordada, a diferencia de la chilena o la española por ejemplo, que fueron transiciones a la democracia pactadas, acordadas, lo que las hace previsibles y se sabe qué pasos se van dando porque hay un acuerdo.

En la transición argentina, por cómo se precipitaron las cosas, era imprevisible, uno caminaba sobre un campo minado. Por lo tanto, era complejo a lo mejor pisar alguna situación que explotara, fundamentalmente en materia de derechos humanos porque podía significar la reacción de los militares, que si bien estaban derrotados militarmente, no lo estaban internamente, no estaban desestructurados”.

¿Qué significó el 10 de diciembre para usted, como militante?.

“Como militante significó tener que amoldarme a cambios muy grandes. Nuestra crítica al partido era que servía para instancias de democracia pero no para cuando tenía que enfrentar a una dictadura. Por lo tanto, nosotros tuvimos que organizarnos de manera distinta. De allí el surgimiento de la famosa Junta Coordinadora de la Juventud Radical”.

¿Qué evaluación hace hoy del rol que jugó la Coordinadora?.

“A pesar de muchas críticas que se han hecho, reivindico muchísimo esa militancia en la etapa de la Coordinadora. Me parece que, ante una dictadura militar, las opciones no son muchas: o tomás una actitud aún a riesgo de ciertas resistencias o sos complaciente, aun en el silencio, con la dictadura. La Coordinadora y los cuadros políticos que generó es una de las experiencias más ricas para mí, que yo recuerdo con mayor cariño”.

¿Cómo vivieron internamente en el radicalismo los primeros meses de gestión de Alfonsín?.

“Alfonsín estaba como inspirado y todos nosotros creíamos en esa inspiración. Tenía mucha iniciativa y la iniciativa le resultaba bien”.

¿Cómo pensaban que esos momentos quedarían marcados en la historia?.

“Realmente sentíamos que estábamos en una etapa fundacional. Muchas veces se ha usado el lugar común de hablar de “etapa fundacional” pero esa época realmente lo fue. Primero, porque no se salió de la dictadura como se salía habitualmente, con una amnistía, sino con un juzgamiento a quienes habían violado los
derechos humanos.

¿Cuál es el peor recuerdo que tiene de aquella etapa?.

“Los últimos meses del gobierno; era ver como se iba el agua entre las manos, que no podíamos contenerla. Era una sensación de mucha impotencia. También, por supuesto, la aprobación de la Ley de Obediencia Debida”.

¿Qué cosa hubiese hecho diferente?.

“No le hubiese dado a los militares la posibilidad de juzgarse a sí mismos. Tampoco hubiese levantado el bloqueo civil sobre Campo de Mayo en (el alzamiento de) Semana Santa y hubiese mantenido la disciplina social del Plan Austral”.
(Télam).