Peras y Peros de la Semana
Jujuy, La Esperanza y la historia
Por Irene Ballatore de la Redacción de El Libertario.- El filósofo francés Montesquieu escribió que felices son los pueblos cuya historia se puede leer con aburrimiento. Y este, de seguro, no es el caso de Jujuy.
Imaginemos que dentro de cien años, los historiadores tratan de interpretar la política para la producción del gobierno de Walter Basilio Barrionuevo. Si recurren a las declaraciones de los diarios de Jujuy encontrarán cosas como ésta: un diputado del oficialismo -Héctor Tentor- quien además ha sido funcionario del área de Hacienda durante dos gestiones del Gobierno provincial (Ferraro y Fellner/Barrionuevo), asegura que la suspensión del proceso licitatorio del Ingenio La Esperanza no es un hecho negativo porque de hacer falta recursos para afrontar la interzafra y pagar a los trabajadores, el Estado provincial se hará cargo de las necesidades, como ya lo hizo en el pasado.
Lo que Tentor distendidamente dice es que no hay que inquietarse por lo que sucede con la paralizada licitación del centro productivo sampedreño porque el Gobierno de Barrionuevo pondrá la plata. Para eso, se sabe por anuncios oficiales, ya se empezaron gestiones en la Secretaría de Agricultura de la Nación y el Banco Nación. Pero lo cierto es que con la interzafra encima, de concreto no hay nada y otra vez los pueblos ramaleños navegan a la deriva en un mar de incertidumbres sin saber qué será de ellos en los próximos meses.
En otras palabras, lo que está admitiendo el legislador -quien además es el presidente de la Comisión legislativa de Seguimiento de la quiebra de La Esperanza- es que la región del Ramal y los 70 mil habitantes que dependen de la producción del Ingenio pueden seguir esperando a que la Justicia resuelva cuál será la suerte de este centro productivo: si seguirá viviendo con lo puesto, a los tumbos, y en un estado de total precariedad o si será vendido a empresarios que pondrán las inversiones largamente ausentes para modernizar y aumentar la producción, lo que en definitiva podría significar incorporar esta hoy pobrísima región al tren del desarrollo que se observa en otros lugares de la Argentina.
En la línea de razonamiento de Tentor, la gente de San Pedro puede esperar con tranquilidad porque habrá “salvadores” que evitarán que caigan en una situación peor a la que ya están desde hace tantos años que nadie se acuerda cuándo empezó la decadencia.
Ahora, si los historiadores hurgaran un poco en el contexto en que se dan las desventuras del Ingenio sampedreño, la pregunta inevitable sería si realmente el Gobierno provincial estaría en condiciones de acudir en auxilio de La Esperanza frente a otro incontrastable dato de la realidad, que es “el no hay plata” que se escucha indefectiblemente, desde el gobernador para abajo en boca de todos los funcionarios, cuando surge algún reclamo por cosas elementales como la salud, la educación y la seguridad.
Después de leer a Tentor, los historiadores se quedarían tal vez un tanto perplejos examinando los listados de alumnos que no tienen un lugar en la escuela pública. Verían que aunque se han construido escuelas -con fondos nacionales- los bancos nunca alcanzan y en muchos colegios se ha recurrido a los exámenes de ingreso que dejan fuera a miles de estudiantes, justamente los que más ayuda necesitan porque tienen problemas para aprender.
Encontrarían que cuando los vecinos piden a la Policía más vigilancia para protegerlos de la inseguridad, el “presupuesto” no lo permite y que los aumentos de sueldos atentan contra la “previsibilidad” conseguida en la Provincia.
Examinando los registros de la cárcel de menores, se darían con que no cabe ya ni un alfiler y en el Archivo de Tribunales leerían algunas resoluciones de los juzgados dando cuenta que delincuentes jóvenes y peligrosos tienen que seguir sueltos porque no hay más espacio en los establecimientos penitenciarios.
Y si revisando los reclamos de comunidades de la Puna encontraran el desesperado pedido de un puente cerca de Cieneguillas, donde en ese año de 2008 murieron cinco personas arrastradas por el río, se darían también con las declaraciones del ministro de Infraestructura, diciendo que no hay recursos para hacer la obra.
Les llamaría la atención que teniendo Jujuy los peores indicadores del país en cáncer de cuello de útero, no se hagan campañas masivas instando al control a través del papanicolao, porque la estructura de salud pública no permitiría atender a más mujeres de las que ya atiende a duras penas.
Revisando algunos viejos expedientes, los historiadores hallarían no sin asombro uno que autorizó gastar casi un millón de pesos para pagar a un famoso rockero la iluminación y sonido de la elección de una reina nacional de los estudiantes.
Descartando la posibilidad que la escasez de recursos sea solo un argumento para gastar en otras cosas, no precisamente populares, la realidad objetiva muestra que el Estado provincial, por ineficiencia o por lo que sea, se va desligando día a día de sus obligaciones fundamentales, las cumple a medias o las ignora.
Siendo, entonces, la cuestión de cómo y en qué se gasta un tema de máxima importancia, la afirmación de que la Provincia se hará cargo de los eventuales quebrantos de una empresa privada que podría estar ya a punto de ser transferida a manos privadas, hace gala del absurdo, más aun cuando todo parece indicar que la “belle époque” del fellnerismo está llegando a su fin y la “fiesta” kirchnerista será pronto un recuerdo feliz para algunos, sencillamente porque va quedando cada vez menos manteca para tirar al techo.
Tanto en La Esperanza como en San Pedro, la gente lo que quiere es trabajar y parece muy poco probable que algún grupo económico, cualquiera sea, ponga cuarenta millones de dólares para cerrar el ingenio o dejarlo como está y no mejorarlo para aumentar su producción.
No faltan los que en este debate recuerdan el desastre social de Palpalá, que -siendo sinceros- pudo haber sido mucho peor si se dejaba que Altos Hornos Zapla se agotara hasta un punto de no poder levantarse nunca más.
En un momento en que, a pesar de todo, producir sigue siendo una buena apuesta en la Argentina, Jujuy se da el lujo de demorar el proceso que podría hacer llegar inversiones a una zona donde paradójicamente hay cómo generar trabajo y mejores condiciones de vida pero existe una enorme pobreza estructural. Hay que caminar un poco por lo lotes para saber de qué clase de miseria estamos hablando.
Y lo peor es que ninguna de las figuras que tienen poder de decisión parece ver las urgencias que campean por los pueblos que dependen del antiguo ingenio. El escuchar no es precisamente una virtud de la clase política de nuestros días, que ve la realidad por TV o se la cuentan sus asesores.
Es muy posible que a los historiadores les cueste completar el rompecabezas que muestra ese Jujuy del año 2008 y el culebrón de La Esperanza. Hay cosas que no se pueden entender, definitivamente. ¿Es que acaso hay en este escenario personajes que trabajan decididamente para que nada cambie? ¿Por qué no quieren hacer cosas concretas contra la pobreza? ¿Cuáles son los verdaderos intereses que están detrás de la oposición a que se venda el Ingenio?
Si algo está claro es que esa historia que han de escribir, cien años después de nuestros días, de ninguna manera será para leer con aburrimiento.
Popularity: 4% [?]




Muy bueno el analisis, ojala los disputados, perdon diputados, tomen conciencia, al igual que el gobernador, que con el hambre de la gente no se juega. Es increible que no se le de una respuesta a personas que quieren ganarse dignamente su sueldo. Es que seguro quieren que todos, a traves de los planes sociales basura, sigan esclavizados y por ende, ellos puedan continuar con una fiesta que indigna a los jujeños de bien.