Un elefante en el bazar
Por Marcelo Medina, director de la revista Dossier Agropecuario. Desde la aparición en escena del polémico Guillermo Moreno como secretario de Comercio Interior hemos sido testigos de una serie de medidas y de políticas cuyo fin último era el de poner orden, transparencia y control en los precios de la carne, de la leche y sus derivados, del trigo, de la harina y por consiguiente del precio del pan. Pero tan solo asistimos a una terrible debacle y derrumbe de las rentabilidades de dichas actividades productivas. La falta de conocimiento manifiesta de cómo funcionan los mercados y de las correspondientes estructuras de costos de dichas actividades productivas, más la soberbia y la prepotencia propia de los ignorantes que gozan de un poco de poder, nos llevaron a la actual situación de no poder saber fehacientemente cuál es el precio real de los productos lácteos, de la carne y del pan. Este intervencionismo en el control de precios no hizo otra cosa que alterar el normal flujo de la cadena de comercialización y de desvirtuar el real costo del valor agregado en cada eslabón de dicha cadena, al pretender establecer un régimen de compensaciones de precios excesivamente burocratizado e implementado como una herramienta de extorsión a los productores.
Consecuencia de estas irresponsables estrategias políticas de demonizacion de los productores como los culpables del encarecimiento de los alimentos de los argentinos, nos llevaron a un punto de confrontación entre dos sectores sociales claramente polarizados y peligrosamente calientes. Y si a esto le sumamos la aparición de un sin número de interlocutores oficialistas, los cuales en cada aparición mediática solo contribuyeron a generar más división y malestar, con su evidente desconocimiento de cuestiones básicas sobre el tema en cuestión y una obsecuencia con el gobierno central que roza el fanatismo ideológico, llegamos hoy a esta delicada situación agravada por la polémica resolución 125 que modifica el régimen de retenciones a las exportaciones de granos, que fue el desencadenante de la llamada “crisis del campo”, el contexto internacional en lo respecta a un aumento en la demanda mundial de alimentos y la crisis energética que afecta el normal abastecimiento de los combustibles y el suministro de gas para las industrias.
Ahora bien, ¿quienes se benefician con este mamarracho creado por el Estado?
Si tomamos como referencia los precios de los productos que reciben los productores y los relacionamos con los precios en las góndolas, claramente se evidencia la existencia de un margen de precio llamado “colchón” que indudablemente se corresponde con una clara actitud de una morbosa especulación de algunos eslabones de las cadenas comerciales, que abusan de un genuino conflicto de intereses entre el sector productivo primario y el gobierno con su política distorsiva y equivocada. Sin caer en acusaciones impregnadas de dogmatismo, tenemos el derecho de exigir a nuestros gobernantes que indaguen e investiguen para determinar quines son los verdaderos beneficiarios de estas políticas de control de precios y el régimen de compensaciones que implementó el gobierno nacional con el argumento de preservar el bolsillo de los argentinos y el derecho a una alimentación de precios populares.



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