EMEPA no se rinde
Anunció que compró la totalidad de las acciones del Ingenio La Esperanza y pide que se deje sin efecto la licitación.
Tras un tiempo de aparente inacción, la empresa EMEPA reapareció y anunció sorpresivamente que es la dueña del Ingenio La Esperanza. El cambio de mano del ingenio sampedreño fue conocido a través de declaraciones periodísticas del director de la compañía, Luis María Gilligan, quien aseguró que EMEPA ha comprado a la fallida Inversora Azucarera la totalidad de las acciones, cuyo paquete representa el 94,7468 por ciento del capital social.
Según el ejecutivo, con la propuesta de pago de toda la deuda hecha por EMEPA “se levantó la quiebra”, por lo que la licitación -que había ordenado la jueza de la quiebra- “es contraria a lo que dice la ley ya que el ingenio tiene un nuevo propietario”.
Gilligan explicó además que la transferencia del paquete accionario de Inversora Azucarera se hizo a “Desarrollos La Esperanza S.A.” empresa creada por el grupo EMEPA y que tiene sede en Buenos Aires.
Agregó que la compra de las acciones fue dada a conocer a la jueza de la quiebra Cristina Lakatos y a los síndicos Alberto Cura y César Pedano.
“Estamos a la espera que la jueza resuelva sobre esta situación lo más rápido posible ya que se pretende trabajar para lo que será la próxima zafra, principalmente en lo que hace al mantenimiento de la maquinaria a utilizar”, dijo el ejecutivo.
Agregó que “no entendemos cómo todavía no hay una decisión tomada a los fines de definir la situación porque la fallida es nuestra” y subrayó que se tiene que levantar la quiebra.
Según Gilligan, la intención de EMEPA “siempre fue la de comprar La Esperanza para duplicar la producción de azúcar, alcohol y llevar la superficie sembrada de 6 mil a 14 mil hectáreas, modernizar y reordenar la planta industrial, trabajar en conjunto con los cañeros independientes y fundamentalmente hacer una inversión fuerte en la provincia, del orden de los 65 millones de dólares”.
Recordó que el ofrecimiento tiene una garantía de fiel cumplimiento de 20 millones de dólares y que se asegura la continuidad del ingenio y sus fuentes de trabajo.
Sostuvo que el grupo explota actualmente 160 mil hectáreas de campos en todo el país y que maneja también negocios ferroviarios. No sin orgullo, resaltó que EMEPA está entre los constructores del Tren Bala de Cristina.
Tras una fuerte campaña mediática en enero y febrero, el grupo se llamó al silencio, pero siguió operando con el objeto de imponer el camino del avenimiento, es decir el acuerdo con los acreedores, y quedarse con La Esperanza.
Aunque sin expresar su apoyo públicamente a la propuesta de EMEPA, el ministro de la Producción, Hugo Tobchi salió a cuestionar la decisión de llamar a licitación de la jueza Lakatos: “los más desprotegidos van a ser los propios trabajadores, si es que se licita”, había dicho el funcionario.



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