Jujuy, la última frontera

En esta entrevista con El Libertario.com, el doctor Enrique Cruz, historiador e investigador del período colonial, aborda la fundación de Jujuy desde los aportes de estudios más recientes. Como ahora, Jujuy fue en sus comienzos una población periférica y sin gran protagonismo económico en la región. El papel del cacique Viltipoco, hombre que enfrentó al fundador Francisco de Argañarás y Murguía, el perfil de estos primeros dirigentes políticos y la actitud de los pueblos indígenas, son parte del análisis, a cuatrocientos quince años del nacimiento de la ciudad.

-¿Qué significado tuvo la fundación de Jujuy?

-Yo siempre planteo que Jujuy es una ciudad muy pequeña y mirando un poco nuestro presente, lugar inevitable desde donde ver el pasado, y la función y el sentido que hoy tiene Jujuy en el NOA, una ciudad periférica, creo que esa función era algo similar a la que tenía en el período colonial y algo similar a la que tuvo en la misma fundación. Las fundaciones importantes en el circuito mercantil motorizado por la minería de Potosí son Salta y Tucumán. No es Jujuy. Jujuy es una pequeña estación de paso a la entrada, indudablemente, de las rutas legales e ilegales hacia la minería potosina, pero no es más ni tampoco menos que una estación de paso. La principal feria de ganado mular en todo el período colonial estuvo en Salta; había un ganado remanente que llegaba a la Tablada, que se comercializaba en Jujuy pero la ciudad importante en el circuito mercantil regional es Salta. Jujuy es una ciudad secundaria, a tal punto que no hay demasiado apoyo de los vecinos salteños cuando se funda Jujuy ni cuando se funda dentro del primer proyecto en 1561 ni tampoco cuando se funda en 1575 y tampoco en la última fundación.

-Los salteños boicotearon a Argañarás. No quisieron venderle caballos ni ganado.
-Lo que pasa es que hay una cuestión que tiene que ver con repartos de tierras y de mano de obra indígena. Muchos de los vecinos salteños tienen encomiendas en la Quebrada de Humahuaca y en lo que es el Chaco jujeño, y si se acepta que se funde la ciudad de Jujuy, el fundador y los vecinos jujeños van a esgrimir también derechos sobre esas encomiendas y esas tierras; nos les convenía. Por otro lado, la única forma en esa coyuntura de poca capacidad de apropiación de los recursos naturales y de los recursos humanos de parte de los españoles, sin el apoyo de una ciudad fundada en la entrada de la Quebrada de Humahuaca y también en la entrada del Chaco, era inviable hacer efectivas las encomiendas y las mercedes de tierras en territorios de lo que después va a ser Jujuy. Para Salta era muy conveniente tener una ciudad fundada en la puerta de entrada precisa a la Quebrada de Humahuaca, tan importante como tener una entrada al borde del Chaco, porque el Chaco era peligroso, sus indígenas no aceptaban de buen grado reducirse laboralmente; era un espacio conflictivo para la ciudad de Salta. Pero a la vez también la zona de la Quebrada y Puna jujeñas son conflictivas porque es una frontera interna. Si bien las sociedades indígenas, los pastores y campesinos puneños y quebradeños, no se muestran al parecer tan belicosos como los chaqueños respecto a las fundaciones de Salta, Jujuy o Tucumán, sin embargo desarrollan otras estrategias de resistencia que deben hacernos pensar que también hay una frontera interna con un territorio que en apariencia está conquistado o aceptado la presencia hispánica.

-Cuando recordamos la fundación de Jujuy lo primero que se nos viene a la mente es Francisco de Argañarás y Murguía, con su mujer, aquellos españoles valientes que se atreven a fundar una ciudad donde ya habían habido estrepitosos fracasos.
-Las Indias son muy difíciles. Las Indias, pensadas como espacio, son muy difíciles para todos los españoles. Más que valientes son audaces. Más que su vida, lo que tienen en juego es la prosperidad futura. A mis alumnos les digo que para imaginar a un conquistador, hay que pensar en un inmigrante hoy; un inmigrante que se va a un lugar totalmente extraño, que se va con lo puesto, no le queda otra que tener éxito. No tiene posibilidades de regresar a España, ha liquidado, ha vendido todo para irse. De allí esa pujanza, esa constancia, esa tenacidad que no la tienen por ser españoles especialmente sino la tienen porque son inmigrantes que han venido a un lugar en el cual no les queda otra que tener éxito y Jujuy era la última frontera. Ya no había otro lugar en el cual encontrar tierras disponibles, que eran lo menos importante, o encontrar mano de obra indígena que era lo más importante. No había otro lugar en toda esta región.

-¿Cual fue la actitud de las pueblos indígenas?
-No olvidemos que cuando entran los españoles a territorio de lo que es actualmente el noroeste argentino, cerca de 1550, se da la primera entrada y Jujuy se funda 43 años después. Ya hay un recorrido por la región, antes de la primera entrada de 1550. Los españoles están recorriendo la región, conocen, llegan noticias de que hay otras personas. De hecho, el imperio Inca ha dejado de funcionar y ha dejado de funcionar con todos sus circuitos, con todos sus tambos, con todos sus caminos, con toda su movilidad de mano de obra indígena. Existen estudios muy buenos de arqueólogos y etno-historiadores que plantean que en muchas partes de nuestro actual territorio jujeño hay comunidades que han sido movilizadas por el Incario, que han sido traídas de otro lugar para controlar un territorio que era de alguna manera difícil de controlar. La presencia de los pucaras en toda la Quebrada de Humahuaca atestigua esa idea. Entonces, de repente, todo ese sistema deja de funcionar porque cae el Cuzco y todo el imperio en manos de los españoles y de eso deben haber llegado noticias a las sociedades indígenas del actual territorio jujeño. Ya tenían noticias al respecto; no eran ignorantes, no es que se desayunan con la venida de Francisco de Argañarás o con la venida de los primeros fundadores. Además, Jujuy es la última ciudad fundada, por lo cual ya los veían pasar. La Quebrada de Humahuaca es la zona de pasaje de todos los conquistadores hispanos hacia Salta, Tucumán, Santiago del Estero. Las comunidades indígenas conocen que hay centros de poder y el centro de poder regional en todo el siglo XVI es la Audiencia de Charcas. No es la Gobernación del Tucumán, no es Salta ni mucho menos Buenos Aires que no existe. Es la Audiencia de Charcas en lo que es hoy Sucre. Entonces, conscientes de esas relaciones de poder, conscientes de que fundar una ciudad implica la reducción de comunidades aborígenes al servicio personal de los españoles, consienten que por una u otra manera, ya sea por superioridad por las armas, ya sea por superioridad en la organización social, o ya sea por haber entablado relaciones con otros pueblos indígenas, la presencia española es inevitable en el valle de Jujuy. Creo que las comunidades indígenas entienden esto muy rápidamente; por lo tanto, como en cualquier situación política similar o de dominación, lo que hay que tratar de hacer es encontrar el acuerdo de la mejor manera posible y por lo tanto, Viltipoco cuando se da cuenta de esta situación y ve que es inevitable la implantación de una entidad política en plena entrada a la Quebrada de Humahuaca, trata de negociar en los mejores términos posibles, no justamente con el Cabildo jujeño que es el poder local sino con una instancia superior, cual va a ser la Audiencia de Charcas.

-¿Y cómo le va a Viltipoco en este intento?
-Hay documentos que atestiguan el intento de Viltipoco de pactar con la audiencia de Charcas la sumisión de todos los indígenas de la Quebrada de Humahuaca. Él se decía máxima autoridad y representante de todas las parcialidades indígenas de la región -cosa que es discutible- pero aún así él se esgrime como la persona con la capacidad para lograr que los indígenas de toda la Quebrada de Humahuca aceptaran la presencia española. De hecho, se compromete con la Audiencia de Charcas a mantener expedito y rentable y bien provisto este camino, estableciendo tambos en distintas partes de la Quebrada y aprovisionándolos convenientemente.

-¿Y qué sucede cuando Viltipoco cae prisionero de Argañaras y Murguía?
-Se rompe ese acuerdo. Es que el cabildo jujeño se da cuenta rápidamente que se le estaba escapando de las manos el control de las sociedades indígenas de la Quebrada de Humahuaca, porque si éstas entraban a pactar directamente con la Audiencia de Charcas, iban a entrar directamente como bajo cabeza de Rey, que se decía, es decir bajo la sujeción a un rey que será muy malo y muy extraño, pero que está lejos. De hecho, Viltipoco puso sus condiciones a este pacto porque quienes iban a aprovisionar los tambos eran los propios indígenas que los iban a vender a buen precio, así dicen los documentos. Pero los iban a vender, no los iban a regalar. Entonces, enterado de esto la Sala Capitular Jujeña, en un golpe de mano muy audaz, toma prisionero a Viltipoco y deja en la nada este intento de él de buscarse un especie de autoridad pero fuera, lejana a la propia Quebrada de Humahuaca que le permitiese manejarse con mayor autonomía.

-¿Qué sabemos de Francisco de Argañarás y Murguía como dirigente político?
-Los dirigentes políticos del período colonial y de estos primeros años de la Conquista y de la Colonización deben entenderse un poco distinto a nuestros dirigentes políticos. Vuelvo a esta idea de Jujuy como un eslabón más en todo un circuito mercantil; entonces, la figura de los conquistadores rápidamente se convierte en mercaderes. Debemos pensar en ese tipo de dirigentes que actúan corporativamente. De hecho, el mismo término ‘compañía’ es de la época: yo actúo en tanto tengo otros compañeros que actúan junto a mí. Tendemos a destacar la figura individual de Argañarás y Murguía, pero creo que eso responde a una tradición historiográfica más moderna en la cual sí es necesario individualizar a las figuras. Acá es una sociedad en la que las personas actúan de acuerdo al grupo en que están y corporativamente. Pensar en la figura de Argañarás y Murguía sin pensar en la figura de sus compañeros, que terminan siendo tanto o más importantes que él. Si uno agarra los expedientes coloniales del siglo XVI aparecen menciones a los actos de Argañarás y Murguía pero también de Alonso de Tovar y de otros más. O sea que terminan siendo pares de él. A los conquistadores debemos verlos como pares entre pares. Además, no se podría entender: los españoles son pocos, en un ambiente extraño, difícil, en el cual cada uno hace su aporte. Cada español que integraba las tropas de estos fundadores, tenía que costearse él mismo y de acuerdo a lo que llevaba a la compañía, iba a ser lo que iba a recibir. Entonces, cada uno tenías que llevar y costearse las armas, las herramientas, las vituallas y los auxiliares, que cuanto más llevasen, más iban a obtener en el reparto.

-¿Por qué esta fundación logra mantenerse en el tiempo?
-Debemos pensar a las tres fundaciones como hechos independientes porque corresponden a tres proyectos distintos. Creo que la tercera tiene éxito porque hay una vocación política de las demás ciudades para sostener este proyecto fundacional. No olvidemos, por otro lado, la coyuntura: las guerras calchaquíes están en pleno auge en estos años pero ya queda claro, pareciera ser, para finales del siglo XVI, que de una u otra forma se va aceptar y se va a acordar con este extraño español. Ya no resulta conveniente la resistencia violenta y la rebelión; se está dando paso en estos años de 1590 a los acuerdos, a la sujeción, a los pactos de cuánto se iba a ceder de parte de las comunidades indígenas respecto a la presencia española. Esas dos razones explican que este tercer proyecto fundacional haya tenido éxito respecto a los otros dos.

-¿Cómo se imagina esos primeros tiempos de San Salvador de Velazco en el Valle de Jujuy?
-Mirar esos documentales sobre la Edad Media que aparecen en los canales de TV por cable ayuda a entender lo que era la ciudad de Jujuy. Si uno anda por las ciudades españolas se da cuenta que párese donde se pare, uno levanta la cabeza y ve montañas. Y los españoles fundaron la ciudad en el valle de Jujuy porque les hacía acordar a sus valles y la fundaron en Salta porque les hacía recordar a sus valles. Valles metiditos, encerrados y protegidos contra los fríos, en los que podían levantar la cabeza y en cualquier lugar mirar montañas. No olvidemos que muchos son campesinos y pastores los venidos desde España y entonces mirar esas ciudades nos ayuda a imaginarnos un poco lo que debe haber sido la ciudad de Jujuy. Construcciones de adobe, acequias, casas que ningunas tenían ventanas hacia las calles, por lo general las ventanas eran interiores. No nos olvidemos que se vivía en una sociedad con una ética y una moral que no distinguía lo público y lo privado sino que ambos estaban confundidos; entonces, muchos de los hechos que hoy pensamos como privados, en realidad a veces se entendían como públicos y por eso había que salvaguardarlos de la mirada ajena. Por eso las casas eran con ventanas para adentro, patios muy grandes, todos con árboles frutales. Muy rápidamente saliendo del casco histórico, que eran las cuatro manzanas alrededor de la plaza, ya todas las casas tenían chacritas en las cuales cultivaban maíz generalmente. Se pensaba a estas casas como unidades domésticas que tendían a la autosuficiencia. Dentro de la casa se trataba de producir la mayor cantidad posible de productos para no depender de afuera. Veredas altas que eran muy prácticas para descender rápidamente del caballo.

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