El río Grande y la Quebrada de Humahuaca

Había preparado un extenso informe relacionado con la Evolución Hidrogeológica de la Cuenca del Río Grande, entre sus nacientes y la Ciudad de San Salvador de Jujuy y además, sobre como ella está generando situaciones de riesgo que van a afectar en el futuro, indefectiblemente con mayor ímpetu, a toda la infraestructura de comunicaciones y también a la mayoría de los centros urbanos localizados en ella.
Pero desistí de hacerlo y sobre todo en términos rigurosamente técnicos, porque llegue al convencimiento de que en realidad no son de utilidad para nadie.
Hoy por primera vez entiendo y pongo en práctica ese famoso consejo de Lao Tsé, un filósofo chino, que decía “Lo mejor es no hacer nada”.
Personalmente entiendo que no es el momento o que no están dadas las condiciones para que pueda ser fructífero el hablar de ello o escribir, simplemente porque a pesar de que los hechos y los acontecimientos referidos al tema en cuestión, están regidos y regulados por leyes naturales que vienen dándole una comprobada y comprobable dinámica propia, desde hace miles de años, los cuadros dirigenciales, principalmente ingenieros de nuestra actual sociedad, prefieren ignorarlos para pasar a actuar en función de creencias diversas u otros intereses coyunturales.
Lo mejor es no hacer nada, porque quizás la naturaleza va a mostrar en el futuro, mejores argumentos que los míos en alguno de los siguientes aspectos.
La Quebrada de Humahuaca es un escenario en el que se movilizan cerca de un millón de metros cúbicos de sedimentos por año y donde su distribución y deposito final esta condicionado por un dique natural de mas de trescientos metros de altura ubicado en Volcán, el cual permanece peligrosamente roto y sin control desde el año 1944. Los habitantes del pueblo de Volcán conocen más que yo de este problema y de su evolución.
Ese millón de metros cúbicos de sedimentos que cada año se deposita en el Río Grande, desde las cercanías de Iturbe hasta Tumbaya, ha elevado su cauce por efecto del relleno, tapando e inutilizando casi todos los puentes y alcantarillas del trazado ferroviario y destruido también varios kilómetros de la Ruta Nº 9, que mansamente y sin explicaciones, se reconstruyen en cada evento sin intentar siquiera la búsqueda de soluciones mas duraderas.
Esos mismos sedimentos que no pueden pasar aguas abajo de Volcán son los responsables de que Humahuaca, Uquía, Tilcara, Purmamarca, tengan sectores de sus urbanizaciones en cotas inferiores al escurrimiento de las aguas y que se hayan perdido además, bastos sectores de tierras de cultivo.
Aguas debajo de Volcán he podido determinar que aproximadamente cincuenta millones de metros cúbicos de sedimentos, provenientes de la destrucción de márgenes entre Volcán y Barcena y del vaciamiento del deposito sedimentario, antes contenido por el dique natural del Volcán, se encuentran hoy depositados entre Bárcena y el dique Los Molinos y que como consecuencia de ello, el río León ha elevado su cauce en más de seis metros de altura, al igual que el Río Reyes y que de igual manera esta afectando al Río Lozano, al Río Yala y las urbanizaciones ubicadas en sus márgenes.
Aguas abajo del Dique Los Molinos, la retención de sedimentos que este cerramiento provoca aguas arriba, ha generado un fenomenal proceso de erosión vertical aguas abajo, en todos los tributarios incluyendo el Río Xibi Xibi o Chico, causando últimamente el hundimiento de las bases de los puentes-pasarelas, ubicados sobre el Aº Burrumayo y Grande y también la caída de un sector de defensas sobre la Av. H. Yrigoyen.
El mayor problema no son las crecientes; el mayor problema es la erosión, el transporte de sedimentos y finalmente la sedimentación.
Ello no se soluciona con simples programas de defensas, limpiezas de cauces, rectificaciones de cauces. etc., porque lejos de aportar soluciones a veces las agravan.
En la Quebrada de Humahuaca se han construido kilómetros de defensas de todo tipo y tamaño que solo han servido transitoriamente porque hoy están sepultadas en su gran mayoría y es muy difícil, que las que existen, puedan evitar que parte del Patrimonio Histórico quede también sepultado con el tiempo incluyendo vías y caminos.
La Quebrada de Humahuaca se está enterrando o sepultando a un ritmo de tres a cuatro metros por cada cien años. En razón de ello, es fácil deducir que en estas condiciones, el futuro es incierto, aunque concretamente no se quiera aceptar esta realidad. Pero no importa, lo que no podemos dejar de aceptar es, que es muy posible que nuestros predecesores, a juzgar por sus obras en materia de localizaciones urbanas y explotaciones agrícolas, hayan tenido una ingeniería más sabia y más sana sin tanta estupidez política como la que inunda nuestro días.
En los andenes de Alfarcito se puede observar, que ellos, ya usaban técnicas de control de cuencas mediante el control de la erosión y la sedimentación por lo que quizás nosotros debiéramos seguir algunos de los ejemplos que nos dejaron.
La solución podría ser precisamente esa, iniciar y concretar todas las obras que sean necesarias para el efectivo Control de la Cuenca, ya que sin ellas, Jujuy no podrá nunca tener su ansiada recuperación del Ramal Ferroviario Jujuy - La Quiaca, ni una Ruta Nº 9, a salvo de tapadas o destrucción de puentes y terraplenes y ni siquiera el tan promocionado Patrimonio Cultural de la Humanidad, exento de la acción destructiva y natural de esta naturaleza sin control.
Todo lo que antecede es de conocimiento y responsabilidad de muchos y en especial de aquellos a quienes les toca sufrir en carne propia la degradación de la Cuenca y del territorio en donde viven y trabajan, pero son muy pocos los que se quejan, por lo cual pienso además, que están muy conformes con su situación y con lo que sus Gobernantes les prometen aunque sepan que solo es poesía preeeleccionaria.
Aun a pesar de que mi conciencia me repita incansablemente: Negro, no te vayas… Negro vení… Negro no te calles… Negro decí…, en lo personal, repito, estoy convencido de que es mejor no hacer nada y que sean los acontecimientos futuros, con mayores costos, destrucción de bienes o desgracias personales, como ya ha ocurrido otras veces, los que, efectivamente y definitivamente nos marquen el camino a seguir.
Ing. Pablo Nolasco Agüero



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