La economía de los costos políticos

 Distintas procedencias de opiniones abordan el caso Zambrano. Las hay con algún perfil sociológico cuando reflexionan sobre cómo un individuo puede llegar a sentirse extraordinariamente protegido al verse respaldado por el medio de comunicación masiva en el cual trabaja o bien por un hombre fuerte de la política local y sin embargo, a la vez, ser tan vulnerable ante otros aspectos producidos por la propia sociedad. Los hay también aquellos que con una visión moralista observan el que una vida privada vivida al límite de la legalidad pueda intentar blanquearse asumiendo una actitud de extrema moralidad en lo profesional.

En una Jujuy hiperreligiosa, que no duda en encarcelar una Romina Tejerina, no puede faltar lo opinión impregnada de este contenido que da más importancia a los datos de la causa que parecen hablar de la existencia de una vida licenciosa, de presencia del deseo, del instinto humano incontrolado o de relaciones que rozan con el adulterio, por supuesto siempre considerados todos como “pecados” más graves en sí que el propio crimen. Y no es cuestión de dejar de mencionar la posición de algunos de sus propios colegas, sobre todo de aquellos que ante unos cuantos gritos del patrón saben acomodar “convenientemente” sus opiniones, gritos patronales disciplinarios que por otro lado cualquiera puede escuchar con solo pasar por la vereda de algunos medios locales, y que por lo tanto no dudarán en poner el acento, al mismo tiempo que tratan de diferenciarse, en un supuesto carácter “demasiado frontal” en la práctica de la profesión que habría caracterizado a la víctima.
Ante esta diversidad de opiniones, a nadie extrañará entonces que alguien agregue un análisis de aspecto “económico”.

Así como en economía, ciertos aspectos de la informalidad u otras prácticas ejercen operaciones económicas que luego inmediatamente se ocultan a fin de que no ser detectadas por el fisco u otros organismos destinados a controlar el desarrollo supuestamente equilibrado de la economía institucionalizada, así también existen en la vida social y sobre todo en la vida pública y política una conducta similar.

Todo tipo de dirigentes, en cualquier actividad pero mas sensiblemente en las cuestiones del Estado, acostumbran a tomar decisiones que cuando las saben polémicas se avocan inmediatamente después de tomarlas a sacarlas del circuito por dónde circula la opinión pública, muy especialmente de los círculos de opinión especializada. Para esto les es útil cualquier medio que ayude a ocultar la decisión tomada, sea escondiéndola detrás de otras decisiones que con la misma resonancia diluyan la polémica; o recurriendo a la típica restricción a la información pública; o bien echando manos a tácticas de las buenas o de las otras que procuren silenciar a los más díscolos de dentro y de afuera.

¿Qué tratan de evitar con tales prácticas? Puede dárseles, y de hecho se les da, muchos nombres, sin embargo el de “pagar los costos políticos” no por muy conocido deja de ser adecuado; sobre todo porque descubre la existencia de una economía que la más de las veces permanece oculta, aquella que mueve y conmueve la acumulación del capital simbólico, el social, el político, el capital que sirve para ser “alguien” en los ambientes de poder, etc., y que por supuesto aclaramos para aquellos escépticos para quienes no existe sistema económico si no hay dinero de por medio, que a tales capitales las diferentes candidaturas, postulaciones o accesos a cargos diligénciales o públicos saben transformar en dinero de verdad, lo cual hace más dramática las resistencias a perder tales estatus o privilegios.

Así como la economía formal se desfigura con la existencia de la economía informal, así también la economía de aquellos capitales se desfigura si los “costos políticos” permanecen ocultos, es decir, si no se “pagan”. Así como existen empresas e incluso consumidores que con prácticas sutiles pueden aparentar más riquezas o fortalezas económicas que las que en verdad tienen, así existen dirigentes, políticos o funcionarios que ostentan cargos “gratuitamente” porque si la sociedad quisiera, pudiera o contara con los medios para poder valuar su verdadero valor probablemente no durarían un día más en sus cargos.

Esa es la sensación que recorre como neblina nuestra sociedad. De que existen dirigentes que no merecen serlo. Que tiene más el que merece tener menos. Que existen dirigentes que parecen eternos ocupando de por vida cargos supuestamente creados para personas más honorables. De allí también esta sensación generalizada de que por más cuestionamientos que puedan hacérsele justificadamente o no a Zambrano, más allá de que el Juez descubra que su asesinato estuvo delimitado por móviles “meramente” pasionales, la gente sentirá igual que perdió algo más importante. En mi opinión perdió alguien que ayudaba a mover aquella oculta economía, la que logra que aunque la dirigencia de todo tipo pueda tomar decisiones incluso respaldadas legalmente, los “costos políticos” que involucran las mismas efectivamente se paguen, simplemente dando a conocer a la opinión pública “qué decisiones se tomaron y cuál fue el funcionario o dirigente que las tomó”.

Ante las muchas sinceras muestras de pesar, mezcladas con aquellas otras que siempre hacen buenas a las personas después de muertas, solo quiero decir esto, que gente como Zambrano junto a muchos otros periodistas y gente común y anónima verdaderamente comprometida con la construcción de una sociedad más justa, son necesarios por que sin ellos seguirá habiendo una económica que nos mostrará exitosos que no lo son; falsos triunfadores; ricos en capitales simbólicos, sociales, políticos y de poder acumulados que no merecen; dirigentes vitalicios a los que pareciera que el poder nunca se les gasta; sobre todo porque faltarían quienes logren hacer que los costos políticos se paguen haciendo con ello que disminuyan riquezas injustamente acumuladas. Una economía que como primer paso para conocerla es necesario hacerla subir a la superficie, iluminarla para saber de su existencia, para que la gente sepa que existen sistemas económicos que por más que los conviertan luego en dinero no empiezan manejando capitales monetarios, sino otros menos conocidos pero más contundentes y efectivos cuando de acumular poder se trata. Para ello necesitamos de periodistas y demás gente arriesgada y comprometida.

Horacio Benito Maidana
DNI 14.587.528
Tec. Anal. en Adm. Pública

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