Lo que no dijo Frías acerca
de la tragedia de Cieneguillas

Por Irene Ballatore de la Redacción de El Libertario.com. La única explicación que ha merecido al ministro de Infraestructura de la Provincia, Fernando Frías, la tragedia que cobró cinco vidas en el río Grande de Cieneguillas, es el factor imprudencia. El conductor de la camioneta que trasladaba a once personas, arrastradas por una violenta creciente, podría haber optado por otro camino con puente y entonces, ha dicho Frías, no hubiera sucedido lo que pasó.

Invirtiendo la carga de la culpa, la visión del mediático ministro pasa por alto datos no menores de la realidad.

En Cusi Cusi, Cieneguillas y todos los pueblos de la Puna, viajar en la caja de una camioneta con todos los peligros que ello representa, es algo “normal”. El calamitoso estado de los caminos todo el año y peor aún cuando llegan las lluvias en verano, es la principal causa por la que las líneas de transporte de pasajeros son muy escasas. Por estos pueblos que hoy lloran en silencio tantas vidas brutalmente truncadas, los colectivos pasan solamente tres veces a la semana.

Las cinco víctimas fatales de la tragedia de Cieneguillas son mujeres. Venían de La Quiaca, adonde habían ido a hacer compras porque por los malos caminos y la carencia de medios de transporte, muchas cosas imprescindibles no llegan a los pueblos. Y ni qué hablar de los costos de los fletes que por tanta distancia y dificultades, encarecen las mercaderías al punto de hacer que la gente viaje grandes distancias para procurarse precios más bajos en ciudades como La Quiaca o Abra Pampa.

Quien haya caminado alguna vez estos vastos e inhóspitos rincones de la geografía jujeña sabe que familias enteras la mayor parte del tiempo tienen solamente la caja de una camioneta, si la tienen, para viajar de un lugar a otro y a nadie se le ocurriría pontificar que son imprudentes porque lo hacen. 

Un viejo empleado de Vialidad de la Provincia explicaba que si en ese punto del río Grande donde ocurrió el desastre, hubiera habido un badén, la historia podría haber sido muy distinta por la sencilla razón que el vehículo no se hubiera encallado en las arenas.

Ahí donde hoy no hay siquiera un badén y mucho menos un puente, algún día cruzará la nueva traza de la Ruta 40, obra que también se conoce con el esperanzador nombre de “Corredor Minero”. Eso se dice, al menos, en los papeles.

En junio del 2007, el estado Nacional anunció un agresivo plan vial con significativas inversiones a lo largo de la Cordillera de los Andes para activar este corredor, que parte desde la Patagonia y llega hasta el límite con Bolivia. El noviembre del mismo año, se licitaron los proyectos a cuatro consultoras, para lo cual se han presupuestado 5 millones y medio de pesos, mientras que el plazo de ejecución para terminar los estudios fue fijado en 270 días.

Más allá del interrogante sobre para qué están los ingenieros y los técnicos de las vialidades que hay que destinar semejante inversión a consultoras privadas, la otra gran pregunta es cuántos años habrá que esperar hasta la ejecución de este emprendimiento.

Hubiera sido esperanzador que el ministro Frías, quien al asumir lo primero que declaró fue que no había buena difusión de las obras del Gobierno en el interior de la Provincia, algo dijera sobre qué piensan hacer para evitar que, hasta que algún día se termine el Corredor Minero, no sigan muriendo jujeños a causa de la precariedad de la red vial y el abandono de nuestros caminos, que vienen denunciando desde hace años sin ser escuchados los trabajadores viales de Jujuy.

La imprudencia, está visto, puede andar por todos lados. Por los despachos oficiales, también.

 

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