Epidemia de dengue en Brasil
En lo que va del año se registraron 35.902 casos. El secretario de Salud se disculpó por el “Via crucis” de los enfermos en los hospitales.
Ante esta situación, el ministro de Salud nacional, José Gomes Temporao, ofreció su ayuda y conformó un “gabinete de crisis” con el objetivo determinar la forma de auxiliar a las autoridades del Estado de Río de Janeiro. Se descuenta que las Fuerzas Armadas se integren a los equipos civiles de fumigación en áreas consideradas de riesgo.
Hasta el momento, las cifras oficiales reconocen que las victimas mortales ya son 47, de las cuáles 24 son niños menores de catorce años (el 50%), pero el número de decesos podría duplicarse, ya que hay otros 49 muertos que fueron sometidos a análisis para determinar si fueron víctimas del dengue.
Al mismo tiempo, los servicios de salud están colapsados. Los hospitales no da abasto para atender a las miles de personas que se llegan cada día con síntomas de la enfermedad. A su vez, HemoRio, el banco de sangre oficial, pidió reforzar la cantidad de donantes, debido a que la demanda de plaquetas ha aumentado un 50% y se calcula que las reservas existentes se agotarán el próximo domingo. Las autoridades comenzaron hoy a recorrer la ciudad en búsqueda de posibles donantes y tuvieron que pedir camas adicionales al Ejército.
Según los especialistas en sanidad, una combinación de fuertes lluvias y deficiencias en el aseo urbano han creado el hábitat perfecto para la reproducción del mosquito “aedes aegypti”, el transmisor de la enfermedad.
El secretario de Salud del estado de Rio de Janeiro, Sergio Cortes, admitió hoy, después de haberlo negado durante toda la semana, la existencia de una epidemia de Dengue en esa circunscripción y pidió “disculpas” a los enfermos por el auténtico “vía crucis” que padecen en hospitales abarrotados que no dan abasto para atender el aluvión de pacientes. En el día de ayer se produjeron solo 2.053 casos y ya son 35.902 en lo que va del año. El ritmo de infectados es de más de uno por minuto.
Fuente: Crítica Digital



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